martes, 30 de septiembre de 2014

En la Unión está la fuerza de país



 La patria es una sola.  No se debe concebir de otra manera. La lucha independentista librada por nuestros libertadores, se hizo para lograr una nación independiente y soberana. Un proceso de integración y no de dependencia de otros gobiernos o sistemas políticos.
 Después de 200 años, estamos como nación muy preocupados. Pareciera estamos retrocediendo a tiempos pretéritos difíciles, superados. Se observa una creciente pérdida de identidad y de pertenencia hasta tal punto que se habla a todo nivel como una realidad normal de dos mitades de país, una a favor del gobierno, otra en su contra. La primera protegida y con un trato especial  por parte del gobierno nacional y del propio Estado.
 Se habla de opciones pero muy poco de integración, un nuevo proceso de cambio que ha de asumirse con responsabilidad para de nuevo encaminarnos y encontrarnos donde nos dejó unidos la gesta heroica de Bolívar. Pasando por convertir la integración en una norma o un derecho sagrado de respeto entre si independientemente de la rotación de liderazgos, dirigentes y gobiernos.
 Con una Venezuela dividida no es posible  construir progreso y desarrollo, menos paz. No se puede desempeñar un rol en lo político, en lo económico, en lo social o en lo cultural que garantice el orden, la justicia y el bienestar, competencia de todo Estado que se precie democrático y humano.  
La lucha de clases, los odios y los resentimientos sociales inducidos desde las propias estructuras del Estado como de algunos focos aislados de la sociedad hace de cualquier esfuerzo unificador una tarea nada dable. No obsta, en todo caso, el arrojo, la bravura para asumir y alcanzar el reto de unión y de paz. Tal vez no sea una meta de llegada, sino una etapa para desarrollar todo esa  energía en favor de unidad-país con sus naturales diferencias y diversidades de pensamientos.
 El gobierno debe dar un ejemplo si de verdad cree en la unión y la paz interna de los venezolanos. No debe seguir adelante sometiéndonos con amenazas y chantaje mediante el uso indebido de los poderes del Estado a un proceso de sujeción ideológica y de división.
 El hombre es un ser racional y libre. Responsable de sus destinos y, por tanto, tiene derecho a ser protagonista de su misión de vida. Así como se habla de la libre determinación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de otro país;  también a los ciudadanos le corresponde el derecho individual y colectivo de autorrealización. A expresar sus distintas formas de concebir la realización de sus fines. En otras palabras,  el derecho a disentir y a expresar su disentimiento. A su imaginación creadora.
 Hay doble moral cuando el régimen de turno invoca hermandad, pluralidad ideológica a nivel internacional y adentro lo niega. Inaceptable. Los gobiernos en democracia se eligen por delegación de los ciudadanos para que administren los bienes y servicios de la nación de una manera eficiente y transparente, a satisfacción de ellos. El Estado y los gobiernos se deben a los ciudadanos y no los ciudadanos al Estado y gobiernos. Nuestro principal problema cultural político estructural que venimos padeciendo desde hace muchos lustros. Su responsabilidad mayúscula es la de armonizar los variados y complejos intereses de todos los sectores para alcanzar las metas históricas comunes que están por encima de  las diferencias y las ambiciones del  momento de cualquier fracción ciudadana o dirigencia.
 Los que luchan y aspiran a ser gobiernos: los Opositores, desde el mismo momento cuando lleguen al poder, dejan de representar su organización o alianza partidista para gobernar sin preferencia alguna.
 El proceso de integración requiere la voluntad política de esas dos mitades de país que tenemos hoy en día, irreconocibles e intratables una a la otra. La constancia y perseverancia para superar las dificultades y la complejidad extrema que los separa es el desafío por vencer con humildad, inteligencia y tolerancia.  Estoy claro, no es un problema sencillo ni  fácil. Simplemente, se trata de una convicción de humanidad, de vida.
 Cuando hago estas reflexiones las hago consciente en una coyuntura muy difícil, tal vez incomprensible para ambas mitades; pero, situarse en el centro mismo de las contradicciones y al mismo tiempo, en la esperanza de la rectificación, es lo que me lleva por este atajuelo a encender con luz propia la voluntad humana de todo un pueblo para que sume su apoyo en esta noble tarea de reconciliación de país.
 La comprensión es saber y sentir que hemos aprendido de nuestros errores y diferencias. Nos corresponde la escritura de una nueva historia, la unidad de los venezolanos, sin la cual no seremos una sociedad independiente y soberana. Continuar separados, ignorando la grave crisis general que padecemos,  nos convierte en facilitadores de nuestra propia destrucción. San Agustín repetía que la humildad es la verdad, o sea, reconocimiento de los valores, que son muchos. Venezuela somos todos.            
Presidente del Ifedec, capítulo Estado Bolívar      @renenunez51 

No hay comentarios:

Publicar un comentario