lunes, 11 de septiembre de 2017

Sin Mercado y Democracia, no hay desarrollo

    

La democracia es el encuentro de lo político y lo humano. Sólo el equilibrio puede garantizar su sobrevivencia  e impulsar la creación de condiciones favorables para encarar el progreso y desarrollo humano-social integral de los pueblos.

Ahora bien, ello requiere de una sociedad consciente, educada, capacitada, altamente civilizada para entender y asumir lo público y lo privado como una alianza cooperativa y voluntaria para resolver los problemas con modernidad, libertad, respeto y reconocimiento recíproco de los derechos naturales y jurídicos de la población.

La economía de mercado, ha sido por lo general muy vilipendiada  por los defensores de las economías cerradas; los cuales, cuando alcanzan el poder, por sus fracasos, terminan aceptando sus bondades (Ej. China e India).

Los conflictos que existen en toda actividad económica por el problema de la escasez, suelen  ser resueltos pacíficamente en los mercados, sin la necesidad de que los gobiernos las intervengan y controlen. Ningún estado por más poderoso que sea, es autosuficiente para satisfacer la demanda de bienes y servicios domésticos; es allí cuando la economía de mercado libre juega un rol protagonico de productividad en el proceso económico-país para calmar y atenuar las tensiones sociales.

La democracia es el sistema político más idóneo donde convergen los disimiles intereses de las comunidades en el compromiso inexorable de alcanzar acuerdos de bien común individual y colectivo. Las experiencias democráticas en el mundo así lo confirman.

La economía de mercados abiertos,  funcionan por costumbres y leyes. Así como la política de la democracia requiere de libertad para funcionar, el mercado igual lo necesita. Libertad y propiedad son requisitos fundamentales para que estas economías operen eficientemente.

Resumiendo, el sistema garante de libertades nos ha demostrado que hay mayores posibilidades de paz social y duradera cuando la democracia y el mercado son respetados por gobernantes y gobernados.

El Estado moderno, por su parte, ha estado dedicado a la construcción de la infraestructura necesaria y a la prestación de servicios públicos de manera eficiente y transparente. Además de la vigilancia permanente de las variables macro económicas para garantizar su equilibrio y estabilidad (producción, consumo, empleos, inflación, ect.).  

La Venezuela de hoy está cerrada a dejar atrás los paradigmas económicos intervencionistas y controladores del mercado. Los resultados macro y micro económicos de estos últimos años evidencian los desaciertos, las distorsiones y los desequilibrios que nos empobrecen aceleradamente como ciudadanos.

No vamos a superar los problemas y las amenazas de existencia, sino terminamos de entender como venezolanos que más allá de las pretensiones electorales, continuamos  en mora con el acuerdo nacional de un plan de desarrollo viable, sustentable e incluyente a largo plazo, que parta del reconocimiento del mercado y de la democracia como herramientas claves para asegurar una mayor y mejor calidad de vida integral a todos, sin excepción. 

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1415).
Los Miércoles de 7 a 8 pm, pueden oírnos y vernos en “3 Visiones, 1 Objetivo País”  por News105.3fm (www.news1053fm.com)

martes, 5 de septiembre de 2017

“Ser un país pobre no es bueno”

  

Nuestra democracia política está llena de avatares y debilidades que se originan tanto en el interior de la sociedad como en el Estado mismo. La desconfianza hacia la política, a las instituciones y a la dirigencia; sin duda, afecta la democracia, el progreso y desarrollo humano integral.

La gobernabilidad se percibe poco entre los ciudadanos por la crisis fiscal, la no separación de poderes, la incapacidad administrativa para satisfacer las necesidades básicas de la población, la corrupción, el desapego a normas y valores, a la escasa eficiencia y transparencia en la gestión pública.

El Estado sobrecargado de ofertas y demandas que no está en capacidad de satisfacer en tiempo y forma, ha venido incrementando  el nivel de frustración y agresividad popular. Todo complicado por un gobierno central que insiste en seguir adelante con un modelo político-económico que ignora, desatiende y desestimula el mercado y la democracia, en detrimento de las competencias y la cooperación; dos cualidades inherentes a la naturaleza humano-social.

Tomando en cuenta los resultados económicos y sociales, como nación vamos en reversa en materia de reducción de la pobreza. El porcentaje de familias en situación de indigencia saltó de 23,1% en 2015, a 30,26% en 2016; en tanto, el de pobreza extrema pasó de 49,9% a 51,51.
Países cerrados al comercio exterior hace 30 años como China y la India, desde 1981 han sacado a más de 500 millones de personas de la extrema pobreza y todo por abrirse a los mercados.

El PIB de Venezuela se ha contraído un 5,7% representando la grave crisis económica que atraviesa el país. Aparecemos en unos rankings en el mundo, como uno de los más inseguros, con una mortalidad de 70 víctimas por 100.000 habitantes, con menos transparencia en la gestión pública, con mayores violaciones de derechos humanos y democráticos. En resumen, se ha sufrido un franco retroceso en todos los indicadores sociales y calidad de vida (Informe de Desarrollo Humano 2016 de la ONU).

Ahora bien, como sociedad, no hay muestra de una voluntad política férrea para buscar una salida-país consensuada y corregir los desequilibrios institucionales, políticos, económicos y sociales que evite una mayor catástrofe de la que ya se vive. Las generaciones venideras, sino actuamos ya, nos señalarán a todos como responsables de dejarle un futuro incierto, reducido, comprometido y desordenado.

Para ello, imprescindible admitir que seguimos formando parte de una cultura donde la ética, el trabajo, la inversión, los valores y principios democráticos y humanos, el respeto recíproco, el reconocimiento del mérito y la excelencia, no dominan el comportamiento ciudadano. A nivel de dirigentes priva una lucha política orientada fundamentalmente a la conquista de un estatus, del poder, de prebendas. Mientras la prosperidad, la seguridad y el bienestar sigue en lista de espera.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1414).
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jueves, 31 de agosto de 2017

Políticas públicas y conflictos sociales

  

La democracia es un espacio político que se presume plural. Qué  que no sólo permite sino propicia la participación ciudadana. Los ciudadanos son quienes determinan los límites y alcances de sus gobiernos.

La democracia vivifica los valores de libertad e igualdad. Las instituciones no sólo son estructuras que promueven el ejercicio del poder, sino que son también los límites de ese ejercicio.

La política existe porque los problemas tienen opciones de soluciones. Con ella, se procura la identificación, los estudios, las propuestas en la búsqueda de soluciones ante los que son responsables de resolverlos. Los políticos son, entonces, los encargados de exigir y luchar para que esto se haga realidad.

Toda sociedad tiene necesidades, valores, principios y aspiraciones que todo Estado democrático debe satisfacer. Para dar soluciones estructuradas a esa demanda social, existen las políticas públicas que todo gobierno debe diseñar y ejecutar de manera eficiente y transparente, después de oír y ponerse de acuerdo con los distintos sectores demandantes de la sociedad.
El sociólogo Lewis Coser se refiere a los conflictos como la lucha por los valores, por estatus, poder y recursos, en la cual los oponentes desean neutralizar, dañar o eliminar rivales. Un conflicto será social cuando trascienda al individuo e impacte la estructura social.

Los conflictos sociales por lo general se potencian cuando el Estado no cumple o da respuestas oportunas a los compromisos con sus nacionales. En los países más atrasados en progreso y desarrollo humano, los gobiernos, por lo general, suelen practicar la gerencia por crisis. Esperan que se produzca el conflicto para preocuparse y ocuparse de él. Cuando debe ser lo contrario, prevenirlo y evitarlo.
Conflictos los hay de todo tipo y complejidad. En lo político, lo económico, lo social, lo religioso, etc. El Estado debe atenderlos a todos sin distingo alguno. Cuenta para ello con unos poderes públicos que deben obrar con autonomía e independencia. No tienen excusa o justificación para no hacerlo. El deber ser.

La calidad de Estado en una democracia esta determinada por la capacidad de elaboración y ejecución de políticas eficientes y transparentes y dirimir los conflictos de manera pacífica.

Las marcadas deficiencias en los servicios públicos (inseguridad, salud, educación, transporte, vialidad, entre otros); problemas de violencia, de productividad, de desempleo, de bajo poder adquisitivo, de inflación, de abusos y violaciones de normas constitucionales y derechos humanos, mantienen a nuestro país con un alto grado de conflictividad que sin duda muestra la escasa gobernabilidad y gobernanza de la Venezuela de hoy.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1413).
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martes, 22 de agosto de 2017

¿Fuerza o Violencia?

    

En estos tiempos de confusión “país”, la apuesta a la salida de la crisis no debe ser otra que la de orientar los esfuerzos a la construcción de un diálogo fecundo, con orden, valores, disciplina, trabajo, respeto a las libertades y al derecho ajeno y humano. No hay otra forma civilizada para alcanzarla y garantizar la paz.

En la Venezuela de hoy, hemos visto como un fenómeno asocial e inhumano como la violencia, viene progresivamente formando parte de la Siquis del venezolano. Las muertes por violencia en Venezuela no son simples estadísticas, la cifra ha oscilado entre 11 mil y casi 25 mil venezolanos muertos por año. 79 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Para abordar el tema, debo precisar y diferenciar conceptualmente la violencia de la fuerza. La fuerza  se entiende como el conjunto  de medios y procedimientos: físicos, sicológicos, económicos, etc., de lo que se vale el derecho para obligar coactivamente al cumplimiento de la norma. En cambio, la violencia supone el uso ilegítimo de la fuerza; o sea el uso indiscriminado de la fuerza; sin respeto alguno por los principios éticos y humanos.

Los propagadores y ejecutores de la violencia suelen divinizarla y hasta, le rinden un culto  cuasi religioso. Los violentos de la política parten de la premisa que para hacer justicia, se requiere de la violencia; ignorando que su práctica lo que genera es  más terror e injusticia.

 No cabe duda, un fenómeno social complejo con causas y efectos  múltiples y distintos. La sociedad venezolana debe hacer un alto en el análisis de lo cotidiano, para evaluar y valorar los factores que por “x” o “y” razones están haciendo de los venezolanos más violentos como nunca. Hagamos un ejercicio autocritico, dando respuestas, entre otras, a estas incógnitas:

El económico y social: ¿Se han dado respuestas serias y viables para atacar las desigualdades sociales? ¿Se han corregido los desequilibrios  de las variables económicas?

En lo político: ¿Ha existido voluntad para garantizar la autonomía e independencia de los poderes públicos en democracia? ¿Ha existido voluntad para erradicar la personalización, la partidización e ideologización de la gestión pública? ¿Ha existido voluntad para la planificación de un desarrollo nacional, regional y municipal a corto, a mediano y a largo plazo,  donde el Estado no mantenga a los ciudadanos sino la existencia de un Estado fuerte mantenido por los ciudadanos? ¿Ha existido voluntad para erradicar todo vestigio de autoritarismo, vicios y corruptelas?

En lo Ético: ¿Hay voluntad política para hacer de la ética un principio de gestión pública generalizada? ¿Hay voluntad política para encarar y sancionar la corrupción, el tráfico de drogas, el aumento de la criminalidad, y la liberación de pulsiones primaras los que, a su vez, se convierten en agentes de contaminación?

La lucha contra la violencia no es sólo, un hecho jurídico sino también político, económico, social, cultural y ético. Esa tarea es de todos. Supone claro, un acción individual y colectiva, de Estado, sin duda, un nuevo orden nacional que privilegie el bien común, inspirado en la justicia y el desarrollo humano.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1412).
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martes, 15 de agosto de 2017

…Y el atraso social ¿Qué?

  

En este país lo único que se habla y debate es de política y de poder. Por un lado quienes aspiran a ser gobiernos como los que gobiernan. Los tiempos dedicados por estos últimos al proselitismo político electoral superan lo normal como responsabilidad de estado. Las cadenas de radio y televisión no solo son demasiadas largas en tiempo sino en frecuencia; incluyendo algunos actos y eventos que no se justifican porque nada tienen que ver con la gobernabilidad. Lo más grave, con presencia masiva de autoridades del alto gobierno, quienes deberían estar en sus despachos particulares resolviendo y tomando las decisiones correctas y eficientes de gestión pública diaria.

Entretanto, las variables macro y micro de la economía están sin control, provocando un atraso como país en niveles socioeconómicos y  culturales sumamente preocupantes. Los índices de: desempleo, inflación, bajo poder adquisitivo, miseria y  pobreza, alientan desigualdades abismales entre los ciudadanos.

La economía mantiene una alta dependencia de la importación de bienes, productos y servicios (92%). La merma de producción petrolera sigue cayendo de tal manera que ya no generan los ingresos suficientes para cubrir la demanda doméstica. No es casual que llevamos varios años de decrecimiento del producto interno bruto (-PIB7%), reflejando la escasa inversión y trabajo productivo.

Por otro parte, no se termina de entender y comprender la necesidad de aumento del presupuesto en educación, en ciencia y tecnología; materias primordiales para la transformación y desarrollo de cualquier nación en el mundo de hoy. Tampoco se termina de entender y comprender qué el plan de desarrollo de la nación se debe centrar en los ciudadanos, considerando el trabajo como el motor básico para crear riquezas materiales y humanas.

Por los caminos ordinarios de cómo vamos ¡Venezuela! no se sale del subdesarrollo “petrolero”. Hace falta imaginación creadora de todos. Si continuamos exportando materias primas, como ha sido hasta ahora, seguiremos siendo un país condicionado y limitado de bienestar por los precios de ellas.

Hay que quitarnos ese paradigma fracasado de que otros países no nos dejan crecer y progresar. A pesar que adentro nos ufanamos de ser soberanos e liberados de hacer lo que nos viene en gana.

Las naciones desarrolladas alcanzaron su riqueza porque se lanzaron  al riesgo y al desafío del comercio exterior. Sus pueblos comprendieron lo que esto significaba. Porque supieron soportar el hambre y el sacrificio para proyectar un país hacia afuera. Porque se convencieron que la única batalla era la de la eficiencia. Frente a unos mercados internacionales no inspirados en términos de justicia sino en la libre competencia, en la ley del más fuerte.

No se trata simplemente vender. Es vender y comprar con inteligencia y oportunidad. Protegiendo aquellos rubros que nos interesa potenciar su desarrollo. Ya basta de politiquería, lo primero que hay que hacer es  enseriarnos  como sociedad, dejar de estar jugando al niño travieso, malcriado y mala conducta. Nadie es infalible, todos cometemos errores, gobernantes y gobernados, Lo inaceptable y censurable es que no estemos dispuestos a reconocernos mutuamente con respeto, dignidad e inteligencia. ¿Hasta cuándo?

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1411).
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sábado, 5 de agosto de 2017

Tú eres el problema ¡VENEZUELA!...

    

Que mal estás ¡PATRIA! Pareciera no darte cuente del engaño, la manipulación y confusión en que te encuentras reducida. Incomprensible, te hayas separado del camino por donde transitabas lenta pero hacia adelante; claro, con  problemas y falencias normales de la sociabilidad; pero nunca de la magnitud y gravedad de los de hoy.  
Has cometido demasiadas equivocaciones y desaciertos en los últimos tiempos que preocupa en demasía al colectivo.  No te das cuenta del caos casero que vienes propagando, consciente o inconscientemente. La resistencia a no  reconocerlo ni aceptarlo. La soberbia del fanatismo no te deja hacerlo. Por eso te niegas a oír consejos y a recibir ayudas para la superación y salida del precipicio que tú misma construiste.
Ya no puedes ocultar la palidez, la inseguridad, la violencia, la confrontación, los delitos perpetrados, secuela de tu mal proceder y comportamiento. Una conducta caracterizada por la desmotivación y desinterés al logro productivo y decente. Por la manera irresponsable en el manejo y la disposición de los inmensos recursos de cuna heredado de la providencia. Por el alejamiento de las normas, de los valores y de los principios que en una oportunidad creaste y creíste. Por la no rendición de cuentas. De veras ¡VENEZUELA! estás irreconocible, complicada y arrogante como nunca. Qué te pasó?
No cabe duda, te sale una revisión profunda y sincera para encontrar y examinar las causas de ese procedimiento radical, divisionista, inseguro e improductivo. No puedes seguir empecinada en la cultura de la excusa y búsqueda de culpables para justificar fracasos, vicios y  violaciones.
Un 5 de julio de 1811 lograste la emancipación como adulta y soberana del forjamiento de tus propios destinos y el de la familia. No tienes excusas después de más de 200 años, para mostrarte ahora con ese cambio de personalidad, nada amigable, familiar y conciliador.
¡VENEZUELA! La rectificación es de sabio, tus hijas e hijos, con tu apellido bolivariano, piden a gritos pero de corazón que lo hagas por el bien común. No puedes abandonarlos y darles la espalda cuando más te necesitan.
Sigues contando, afortunadamente, con una inmensa y variada riqueza natural y humana para producir el cambio en ti. Un cambio en positivo, con trabajo, sacrificios, esfuerzos y conciencia plena  de una cultura distinta, la de la colaboración, la del trabajo en equipo, la del logro individual y colectivo, la del respeto a las normas de convivencia y los derechos humanos, la de la disciplina, la de la puntualidad, la de la ética como principio de gestión y de vida, la de la superación de todos por igual. De eso se trata el desafío de hoy y de mañana, de competencias, de anticipación a las amenazas y el aprovechamiento inteligente de las oportunidades; consolidando las fortalezas y superando las debilidades. No la de crear excusas y buscar “chivos expiatorios”, con ánimo de castigo, sino de mejora continua.
En resumen, una cultura de vida país no de muerte país. Donde impere la ley, el respeto, la justicia, la paz, la seguridad, el sosiego, el progreso y el desarrollo humano integral.  ¡VENEZUELA! Cambia, ámate, valórate. No esperes más tiempo para hacerlo. Es el momento.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1410).
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martes, 25 de julio de 2017

¿Pueblo soberano?

  

En las constituciones “democráticas”, se establece expresamente que la soberanía del ejercicio del poder reside en el pueblo; reconociéndole claramente el derecho a elegir y controlar a sus gobernantes. Un poder originario que después se delega en el político para  que los represente en la gobernabilidad local, regional y nacional.
 En 1863, Abraham Lincoln definió la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Entendiéndola como una la lucha por la igualdad de todos los hombres ante la ley, sin discriminación de ningún tipo. Por otro lado, Benito Juárez afirmaba “El respeto al derecho ajeno, es la paz”. Dos interpretaciones del significado del sistema de libertades muy diáfanas que resumen lo sustantivo y la razón de ser de la democracia.
Vamos a estar claro, el  pueblo ni legisla ni gobierna. Eso sí, por él hablan otros y muchos, a veces interpretando sus pensamientos, sus necesidades, sus valores, sus aspiraciones, a sus conveniencias.  
Nuestra constitución la redactaron  “supuestamente” expertos, capacitados y conocedores de los temas objeto del plan de desarrollo de la nación en condiciones de igualdad y trato de los ciudadanos ante las normas o leyes. Otorgando a la sociedad venezolana la soberana decisión de participación y decisión en la elaboración y ejecución de políticas públicas eficientes y transparentes; dirimiendo los conflictos  de manera pacífica. El problema sobreviene cuando políticos y/o gobiernos la interpretan a su manera e intereses en nombre del pueblo. Con complicidad de grupos de la población.
En 1961  se aprobó en Venezuela la primera constitución, la del 61. 38 años después, llegaron al poder unos nuevos “mesías” declarándola desde el primer día “moribunda” por considerarla responsable de todos los males de la democracia. Quienes, sin dilación, convocaron en 1999 una Asamblea Constituyente para subsanarlos y garantizar a todos los venezolanos la mayor suma de felicidad social posible.
Con 18 años de gobierno en Miraflores, resulta ahora que la “mejor constitución del mundo” tampoco sirve; razón por la cual, vuelven de nuevo, los mismos, a convocar otro proceso constituyente para este 30 de julio, con la finalidad de abortar otra carta magna para dar respuestas tanto a los viejos problemas de la “cuarta” como los nuevos de la “quinta”. Cómo si se tratara de un juego de cartas o de ajedrez para aniquilar o anular constituciones cuando ya no les útil para los intereses de la gobernabilidad.
El derecho no es más que la forma de impedir los conflictos o de resolverlos de la mejor manera posible; no la manifestación de la voluntad de entes invisibles, sean los que sean. Tengamos cuidado ¡pueblo! con esos grupos políticos y gobiernos que desatienden los mecanismos institucionales de tu representación para priorizar sus propios intereses frente al resto total de la población. En democracia, el imperio no es el gobierno, sino la ley.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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viernes, 14 de julio de 2017

Gerencia pública y Gerencia privada, derivan de un mismo tronco…

   

El país continúa sometido a una suerte de limbo, confundido entre el subdesarrollo y el desarrollo. Pensábamos que el nuevo milenio nos iba a hacer entender como sociedad de la necesidad del éxito. Modernizando el poder ejecutivo, el legislativo, el judicial; avanzando en la descentralización política administrativa del Estado central, en especial, la potenciación del municipio como ente primario social de la democracia; todo ello, para asegurar la calidad de nuestras vidas como ciudadanos libres, pensantes, productivos, creativos y humanos.
Sigue en mora la consolidación de una sociedad inter activa de productores  y emprendedores públicos y privados, convertidos en actores aliados de cambios transformadores de bien individual y bien colectivo.
No hay razón alguna para que el sector público no preste sus servicios con la misma calidad a la ciudadanía como lo asume el privado. Las competencias de un gerente público son similares a las de un gerente privado. Ambos utilizan y practican las mismas herramientas y principios de las ciencias administrativas; sus administraciones requieren de planes y resultados similares.
El problema se complica cuando las instituciones públicas son muy débiles, por no ser autónomas e independientes; los equipos que las gobiernan no tienen visión estratégica, capacidad gerencial, habilidades emocionales (capacidad para desarrollar un liderazgo proactivo, negociaciones difíciles, de trabajo bajo intensa presión y de toma de decisiones compatible con los retos del cargo), habilidades de relación con el entorno, conocimientos técnicos, compromisos con los resultados, la ética como principio de gestión.
Como trilogía societaria funcional se requiere, por igual, de la organización y disciplina de ciudadanos en todos los ámbitos, político, económico, social y productivo. La sociedad civil no puede dejar al Estado todo el peso de las responsabilidades en cuanto al desafío de dar prosperidad, seguridad y bienestar social. El desarrollo nacional es un compromiso compartido de todos.
La lucha de las desigualdades sociales, su éxito dependerá en buena medida de que haya un mayor acercamiento efectivo entre el sector público y el sector privado. Esto pasa por diversos compromisos: luchar por mejorar la producción, las remuneraciones y condiciones de trabajo; el despeje de las trabas burocráticas, rigideces y excesos legales que no facilitan los procesos; el aceleramiento y amplitud de un sistema de gerencia profesionalizada en la administración pública.
Finalmente, por una ciudadanía activa empoderada para elegir, siempre, el mejor de los mejores para la gobernabilidad nacional, regional y municipal.
Artículo 141 de la Constitución Nacional “La Administración Pública está al servicio de los ciudadanos y ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidades en el ejercicio de la función pública, con sometimiento pleno a la ley y al derecho”

(Edición 1408). @renenunez51 elportachueloderene.blogspot.com
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miércoles, 28 de junio de 2017

La democracia, un estilo de vida compartida

  

“Las democracias son capaces de sobrevivir solo cuando sean entendidas por sus ciudadanos”, decía Giovanni Sartori. Una sensata reflexión para darnos cuenta de lo que, a veces, perdemos como sociedad por no valorar ni distinguir lo bueno y lo malo. Ellas son perfectibles, nunca dejarán de demandar de sus ciudadanos sacrificios, comprensión para los acuerdos y ajustes a todo nivel.
En unas más que otras, suelen darse luchas encontradas entre el bien y el mal. Entre el más fuerte y el más débil. Produciendo deterioro de la poca o mucha calidad de vida social que pudiera tener en un momento determinado sus pueblos.
Cuando el mal es más fuerte que el bien. El bueno tiende a desgastarse y tener los mayores sacrificios en el intento de hacer pacífico al malo, mientras este último en su defensa propia, hace todo lo contrario, obliga al pacífico a entrar en el juego de la violencia, su instrumento de lucha.
Igual ocurre con cierta dirigencia, preocupada y ocupada fundamentalmente de cambiar a los actores del poder por otros. Sin embargo, sus mentes, sus hábitos de conducta no cambian. Una cultura no transformadora de los recursos que dispone en progreso y desarrollo humano sostenible y sustentable. Incluyente.
La democracia exige no sólo unas condiciones determinantes, que sólo se logran con el esfuerzo del conocimiento y de la técnica, sino además una armonización entre lo individual y lo social que sólo se consigue con capacitación y valores. En otras palabras, requiere de la emancipación del esfuerzo individual y colectivo de todos los  ciudadanos, en el combate contra las desigualdades y anomalías características del poder, en lugar del culto al poder.
Ningún resultado es bueno si no ennoblece la vida humana de prosperidad, seguridad y bienestar. Misión de todo estado que se precie de democrático y social.  La bondad de las acciones de los que lo dirigen no se ruega. Se ejercita y materializa con resultados justos y dignos.
El sistema de libertades funciona para bien, cuando se articulan: la institución pública (con autonomía, independencia y transparencia), el equipo de gobierno (capacitado y preparado para hacer las cosas de bien común con eficacia y decencia) y la sociedad civil (activada y empoderada de los espacios y derechos de libertades, de información, de expresión, de asociación y de participación).

(Edición 1407). @renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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jueves, 25 de mayo de 2017

Todo pasa por el cambio de una cultura improductiva, asistencialista y viciada



Nunca ha sido fácil en las sociedades, el  cambio de comportamientos de los ciudadanos. Las creencias, los valores, los hábitos o costumbres mientras más arraigados e internalizados están en las personas más cuesta arriba para aceptarlo. Una resistencia mayoritaria siempre ha estado presente en la defensa de dejar el orden de las cosas como están. Sin embargo, grupos minoritarios, siempre han venido pugnando para hacerlo realidad,  convencidos de que con una  cultura nueva van a beneficiarse más y mejor todos.
Los cambios que se han estado pidiendo en nuestro país desde hace mucho tiempo, se han centrado fundamentalmente en lo político. Los logrados -vía electoral- no han tenido los resultados esperados, a pesar de las variadas e inmensas riquezas naturales y humanas con las cuales se han contado. Por el contrario, los desaciertos, los vicios y los problemas en general, en vez de reducirse, se multiplicaron. No se termina de entender como sociedad que  lo primero es el engendro y la profundización del cambio cultural. Ciudadanos renovados.
Comencemos, entonces, una vez por todas, a valorar la educación, como prioridad número uno,  algo demasiado importante para dejarlo en manos solo del Estado; hasta Suecia, una nación socialista-capitalista ha reconocido la influencia de la educación privada en todos los niveles. Una educación que debe empezar en el hogar con unos padres responsables, modeladores de conducta en la cría de sus hijos. Se hace impostergable volver a la enseñanza de la educación “moral y cívica”.
Comencemos a respetar al prójimo. Al derecho ajeno. Venezuela sigue siendo un país de leyes, pero donde gobernantes y gobernados no las respetan. Reverenciemos la libertad del otro (tránsito, basura, ruidos molestos, comportamiento urbano, derechos humanos, etc.)
Comencemos a valorar el trabajo como el motor del desarrollo para la creación de riquezas materiales y humanas, con trabajos decentes y garantías de protección social integral. Incrementemos la cultura del trabajo y del esfuerzo.
Comencemos a reducir el estado asistencialista. Los subsidios de la economía y los sociales deben acabarse; excepto los necesarios para sacar de extrema pobreza a aquellos que por ignorancia o exclusión del sistema político no han podido superarla. Es fundamental trabajar en su reinserción social con educación,  capacitación laboral, y micro emprendimientos. Vayamos a un Estado mantenido por los ciudadanos y no un Estado mantenedor de ciudadanos como el que hemos tenido hasta ahora en democracia y del cual no se quieren liberar.
Comencemos en lo político, formando pensadores críticos desde las aulas, para elegir con criterio y votar al mejor capacitado y honesto, no al menos malo. Separando los intereses personales, partidistas e ideológicos de la gobernabilidad pública. Construyendo poderes públicos autónomos e independientes sólidos.
Comencemos a aplicar las leyes con criterio de justicia. Para penar sin contemplación alguna la corrupción, los delitos, los vicios y los crímenes  sin importar donde se cometan y quien los cometan.
Comencemos finalmente a respetar las reglas de juego o de convivencia social que nos establece la Constitución Nacional y no estar burlándose de ella a cada rato o cambiarla por conveniencia de gobiernos de turno. La constitución no es el problema, el dilema es que no la obedecen ni han estado interesados en cumplirla.
La sociedad está sumida en un caos institucional, político, económico y social, como secuela de una cultura que se ha enseñado, practicado y preservado a todo nivel. (Edición 1406).
@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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CONCIENCIA HUMANA DE PAÌS



Se percibe un desamor por Venezuela.  Por lo nuestro, no debiera haber diferencias algunas con relación al objetivo común del progreso y desarrollo humano de todos los venezolanos sin distingo alguno.
Se oye con frecuencia en esto del debate nacional electoral, casi permanente, la afirmación de que se lucha y trabaja por el país; pero cuando se analiza y revisa comportamientos y acciones de la mayoría de los actores protagonistas, la proliferada y conjurada unidad nacional, para  hacernos mejores ciudadanos y sociedad brilla por su ausencia.
Cuando de lo que se trata es de reconocer lo que nos une, por un lado, e identificar las diferencias que nos separa, por el otro. Con la finalidad de procurar consensos necesarios a favor del éxito del plan de desarrollo de la nación.
En las sociedades desarrolladas, los símbolos, los valores, la constitución nunca está en discusión  en el debate político; por el contrario, para ellas, representan su mayor fortaleza de identidad y pertenencia nacional. Las distas se manifiestan en los enfoques y las visiones que puedan tener grupos disimiles en cuanto al ofrecimiento de una mayor  sostenibilidad de prosperidad, seguridad y justicia social. El plan maestro de desarrollo nacional no se ve afectado por la propuesta electoral ni por un cambio de gobierno.
La realidad venezolana  es diferente. No hay continuidad administrativa, cada gobierno nuevo al alcanzar el poder implanta uno distinto. Confundiéndose por lo general los intereses partidistas con los de la república.  Estas, entre otras, son las razones que pudieran explicar el por qué estamos cómo estamos: desunidos, divididos y empobrecidos de logros colectivos.
Hay una tendencia política a gobernar el presente, invocando el pasado histórico de nuestros próceres, subestimando que el futuro requiere de un presente de ejecutorias de sabidurías actualizadas, innovadoras, creativas y retadoras. Traer el pasado al presente, solo se justifica para construir, transformar y evolucionar.
Los venezolanos  no se sienten incluidos en el futuro país, sobre el cual pesan dudas y deudas onerosas. Qué nos obliga a todos a solventarlas  sin rémoras ni excusas mediante un diálogo nacional sincero, civilizado, responsable e incluyente. Dando respuestas a  ¿Qué somos? ¿Qué queremos? ¿Qué necesitamos?  Para ser mejores venezolanos y vivir en una Venezuela de prosperidad y bienestar en general.
Ello requiere de un cambio de mentalidad y de cultura que ha de comenzar desde adentro de cada uno de nosotros,  ejerciendo un ejemplar y correcto rol como padre de familia. Como dirigente. Como  educador. Como empresario. Como comerciante. Como estudiante. Como trabajador. Como funcionario público. Como religioso.  Estar informado, asumir y ocupar los espacios que la constitución y las leyes garantizan, compartir el conocimiento, y anteponer la ética como principio de vida, complementa el compromiso societario.
Finalmente, todos los venezolanos, sin excepción,  estamos obligados a velar por el bien público. Criticar las arbitrariedades, donde se produzcan, en la búsqueda de primar el bien común sobre lo particular. Sin abandonar la solidaridad y la lucha moral por el bienestar de los más débiles. (Edición 1405).
@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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domingo, 20 de noviembre de 2016

Dos países en uno


                                     

Se observan dos países dentro de uno, ambos negados a reconocerse y a unir esfuerzos en la procura de soluciones a la crisis estructural y multifactorial que padecemos los ciudadanos de esta nación; cuyos principales responsables, no cabe duda, son  los que vienen dirigiendo nuestros destinos desde hace 17 años.
Uno, el mayoritario, el más afectado, conformado por casi la totalidad de la población, el que a diario hace milagros para sobrevivir a las miserables condiciones  de desabastecimiento de alimentos y medicinas a los cuales los han conminado los supuestos luchadores, protectores y defensores del pueblo. Una tragedia familiar sentida por sus integrantes, desde que se levantan hasta que se acuestan. Todos los días salen a buscar  los alimentos básicos necesarios para cubrir las vitaminas y las calorías que  demandan sus sistemas orgánicos; las medicinas de control de sus enfermedades; corriendo el riesgo de que no sean atracados o abusados por los malandrines de la calle que operan y actúan a sus libres albedríos. Unos venezolanos angustiados e impotentes que sienten como la esperanza de sus vidas se reducen exponencialmente ante la ignominia y sordera de unos poderes públicos sumisos e irresponsables.
El otro, el país pequeñito, representando por los que gobiernan y por los que aspiran a serlo, concentrados en una lucha donde el debate se reduce fundamentalmente al poder y al relevo de gobiernos.
Entretanto, casi 30 millones de venezolanos se impacientan porque los acuerdos no se materializan en la solución de la conflictividad de poderes menos en la estrategia cómo van a atacar los desequilibrios económicos y sociales causantes de la desnutrición, hambruna y pérdidas humanas.
No nos oponemos a la necesidad estratégica de exigencia de cambio de gobierno y del modelo centralista y autoritario; lo inaceptable e inhumano es tratar de hacer prevalecer lo político sobre lo económico en las condiciones en que se encuentran las comunidades.
Sí bien lo político es parte de la solución de la crisis país, no es menos importante resolver lo económico como prioridad, al cual hay que atender con carácter de emergencia, antes que la crisis los desborde y superen en la conducción y control de la misma.  Las encuestas vienen reflejando lo que ellos no quieren reconocer y valorar, y es que la inmensa mayoría  de nacionales se están desencantados progresivamente de los partidos, de los dirigentes y, lo más grave, de las instituciones.
No se trata de un  juego de apuestas a vencedores o perdedores. De lo que se trata es de la defensa y protección  de los sagrados derechos a la  vida, a la nutrición y alimentación, a la seguridad de las familias sin distingo o preferencia alguna.
 “Qué tu alimento sea la medicina y que tu medicina sea tu alimento” Hipócrates.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 13 de noviembre de 2016

Comenzar, hacer, observar y pensar por Venezuela


                                     

Las relaciones humanas siempre han sido difíciles y complejas. Lo fue en el  pasado, lo es en el presente y lo será siempre en el futuro. Somos una raza imperfecta, cada ser humano tiene un ADN distinto. La complicación se agrava cuando la política, los gobiernos, los líderes y los intereses de la sociedad, entran en contradicciones y desencuentros para ponerse de acuerdo en propósitos comunes para garantizar la convivencia social en igualdad de trato, condiciones y oportunidades. La secuela son los conflictos.
Desde que el mundo tiene razón y conciencia, las lidias por lo general se han resuelto pacíficamente con diálogo, prevaleciendo la paz; en cambio, cuando se ha tomado la vía apocalíptica: la violencia, los daños humanos han sido incuantificables; sus responsables después recurren al coloquio que se negaron al principio.
Al diálogo fecundo es el que hemos estado invocando desde inicio del año para favorecer la resolución del  grave y mayúsculo conflicto-país que padecemos como resultado de unas políticas públicas ineficientes, excluyentes, pocas transparentes ante la mirada complaciente e encubridora de unos poderes públicos, no autónomos e independientes.
Ante ese vacío institucional, el autoritarismo descolló, haciéndose del control total del Estado, dejando indefensos y desprotegidos la ciudadanía en general; a quienes la constitución, las leyes, los gobiernos y los dirigentes se deben.
Afortunadamente, el sábado pasado por fin salió  “humo blanco”  de la II reunión plenaria del diálogo nacional con representantes del gobierno de turno y de la MUD,  al anunciarse la hoja de ruta que permitirá normalizar la relación constitucional entre los poderes, el respeto recíproco entre los mismos y la exploración en el marco legal, constitucional y de respeto a la soberanía nacional que contribuyan a la mejora de las condiciones de abastecimiento de la población. Acordaron otros temas, no menos importantes.
El que se haya iniciado el diálogo entre las partes no significa que el conflicto vaya a resolverse; sin embargo, que se haya dado el intercambio de opiniones y puntos de vistas con clara intención de lograr acuerdos, es un paso positivo y pro activo para alcanzarlos. Les toca ahora a los representantes de ambas partes, poner en ejercicio sus capacidades y habilidades estratégicas para seguir avanzando y desenredando un conflicto, donde hasta ahora el gobierno tenía absolutamente todo bajo control.  
Si la MUD como  el gobierno, obran con sinceridad y responsabilidad, anteponiendo los sagrados intereses de la nación por encima de sus intereses particulares, grupales y partidistas, existirán razones para creer y esperar buenos resultados; para ello, estos  actores no deben dejar que las posturas radicales de sus bandos se interpongan en este proceso de entendimiento nacional. Aquí la única apuesta a ganador, en esta primera etapa, es la solución de los problemas de abastecimiento de alimentos y medicinas, la inflación, el bajo poder adquisitivo, el trabajo decente, la seguridad, las libertades y bienestar social de todos los venezolanos.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 6 de noviembre de 2016

“AQUÍ Y AHORA”


                                     
                                    

Cuando se publique esta columna de los miércoles, habremos ya bautizado este libro de Eduardo Fernández en Ciudad Guayana. Me tocó presentarlo a la comunidad guayacitana, una distinción que valoro mucho por el afecto, admiración y reconocimiento intelectual, político, ciudadano y padre de familia,  que le profeso a su autor; uno de esos venezolanos valiosos, incomprendido por las mayorías nacionales pero como pocos, en esto de la política, uno de los de mayor coherencia en cuanto a pensamientos, acciones, decencia pública y privada.
Un documento histórico, político-humano-social, que recoge la  autenticidad  de una nación que  “dejó de hacer” “dejó pasar” decisiones fundamentales que pudieron haber anticipado las amenazas, los riesgos y las secuelas de las que hoy sufren los venezolanos.  No nos sorprende para nada el secuestro de las instituciones, de la constitución y del ejercicio democrático. Era predecible.
Igualmente, se desaprovecharon  de manera irresponsable las oportunidades económicas con un precio $100/barril de petróleo, cuyos ingresos eran suficientes para haber adelantado con patriotismo e inteligencia la transformación de los recursos materiales y humanos en progreso y desarrollo humano. En calidad de vida integral.
Con “Aquí y ahora”, Eduardo nos vuelve a advertir del peligro presente y  futuro país, los cuales obligan  a todos los sectores y actores del sistema de libertades a ponerse de acuerdo.
“El Tigre”, como siempre,  insiste en la Educación como prioridad nacional. No hay otra, para resolver la crisis estructural. “Si ganamos la batalla de la educación  tendremos futuro, de lo contrario, seremos un país tercermundista, irremediablemente”. “El futuro está en la materia gris no en las materias primas”. Le agregaría, “ni en colores e ideologías”.
No cabe duda que la crisis moral se debe a que el estado y la dirigencia no  terminan de entender que la Educación es la prioridad número uno en el plan de desarrollo de la nación, hoy desdibujado y desalineado del espíritu constitucional y democrático.
Comparto con Eduardo, las razones de sobra que tenemos para protestar y exigir cambio de gobierno y modelo político, económico social, pero, ello no nos impide con la misma fuerza ética para reclamar una mejor oposición, convertida en alternativa democrática sobra la base de una unidad y un consenso nacional alrededor de los graves problemas básicos de la sociedad venezolana, como lo son, entre otros: la inflación, el desabastecimiento,  el alto costo de la vida, la recesión económica, la inseguridad.
No se trata de un sueño sino de una agenda política realista que nos una y no nos separe, orientada al fortalecimiento de la democracia, a la separación de poderes, a la reactivación del aparato económico, a la atención prioritaria de los grupos sociales más vulnerables; a la lucha integral contra la inseguridad, al combate y derrota de la ignominia de la corrupción con valores morales y éticos como cultura de vida.
Son, entre otros, temas que el libro nos plantea como reflexión autocrítica país, donde los resultados hasta ahora alcanzados dejan mucho que desear al compararlo con los de otros pueblos del mundo en materia de prosperidad, seguridad y bienestar social.
La infortunada política de estos últimos 17 años de gobierno en Venezuela, ha sido otro ejemplo demostrativo del fraude y engaño del socialismo autoritario, el cual bajo la excusa de garantizar la distribución equitativa de la riqueza y de las oportunidades, terminan controlando  la economía y la ciudadanía, negando sus libertades, irrespetando el derecho ajeno. Creando más pobreza y desigualdades sociales.
“La política es diálogo. En donde no hay diálogo, no hay política. La alternativa al diálogo y a la política es la violencia y la guerra. Cuando fracasa la política, irrumpen la violencia y la guerra”. Eduardo Fernández.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 23 de octubre de 2016

La confrontación nos empobrece más…


                                    

Escribo esta columna, edición 1.400, apenas saliendo del programa de radio Onda Global que todos los domingos de 8 a 9 de la mañana por Onda 97.3FM, Guillermo Mosquera y este servidor producimos y moderamos. El entrevistado de la semana, un venezolano muy especial y a quién  le profesamos mucho respeto y admiración por su perseverancia, constancia y convicciones democráticas,  no solo en el pensamiento sino en el accionar. Me refiero al Dr. Eduardo Fernández, presidente del Centro Internacional de Políticas Públicas, IFEDEC, una institución de casi de la misma edad de nuestra hoy frágil y precaria democracia.
Lo invitamos, a propósito de su nuevo libro “Aquí y Ahora”, publicado por la Fundación Alberto Adriani e IFEDEC, que estaremos bautizando acá en Puerto Ordaz, el 8 de noviembre, a las 5 pm, en la sede de Fedecámaras Bolívar y la Cámara de la Construcción.
Le recordamos al Dr. Fernández, aquel 4 de febrero de 1992 cuando en pleno proceso de la asonada militar de Chávez, irrumpiendo el orden constitucional, tuvo el arrojo de acercarse a un canal de televisión corriendo todo los riesgos que ello implicaba, para dirigirse al pueblo venezolano y manifestar su absoluto rechazo al golpe en desarrollo; además para exhortar a las fuerzas armadas nacionales a salir en defensa de la institucionalidad democrática. Igualmente nos advertía, de las consecuencias nefastas y del atraso social que padecería el pueblo venezolano si la sublevación castrense hubiera tenido éxito, que al final no lo tuvo.
Un caraqueño que supo asumir sin miedo, el rol de lo que un líder democrático auténtico le corresponde en una situación tan delicada como esa. Lo hizo con total desprendimiento de sus intereses partidistas y personales, para ponerse de lado -como debe ser- de los intereses de  la democracia, de la constitución y los de la nación.  Una conducta política incomprendida por la sociedad democrática, hasta el sol de hoy. Quién sí se aprovechó de la situación fue el Dr. Rafael Caldera, días después, cuando pronunció ante el congreso nacional aquel discurso difuso, populoso, regocijándose de alguna manera con las razones que habrían llevado a los golpistas fallidos a irrumpir la constitución del 61; discurso que lo llevó de nuevo a la presidencia de la república. Años después, los implicados en la insurrección militar fueron indultados por el Dr. Caldera. Por eso, en 1998, Chávez con apoyo e influencia de algunos medios de comunicación social y poderosos sectores económicos  llega  a Miraflores. Las mayorías nacionales votaron por él.
Esa es la historia, la verdad, que no se puede olvidar; sí queremos reconocer y entender parte de la génesis del  ¿por qué? estamos como estamos.
Con el  “Aquí y Ahora”, su autor nos vuelve advertir no solo la gravedad y la dimensión de la crisis institucional, política, económica y social que padecemos sin también nos ofrece soluciones a través del diálogo y no el camino de la confrontación permanente que a nadie beneficia, como la vía obligada para el entendimiento nacional. Estamos mal, iremos peor y a Venezuela entera le irá igual, si no nos ponemos de acuerdo.
Compartimos en sus reflexiones, que la elección de un nuevo gobierno y el cambio de modelo es un paso ineludible e impostergable en el tránsito de la recuperación del país; sin embargo, no es menos importante, la necesidad de construir espacios para el consenso nacional en el tema de la gobernabilidad y en el proyecto país de largo plazo, distinto al de hoy: sin controles de precios, sin controles de divisas, apoyando y facilitando a los sectores productivos a invertir y crear empleos directos e indirectos, donde la educación, la salud, el cobro de impuestos, la seguridad, el respeto, la separación de poderes, sean, entre otras acciones pro activas y constructivas, las tareas máximas y prioritarias del Estado y gobiernos. Las consecuencias económicas y sociales serán más severas; si se sigue concentrando todos los esfuerzos en lo político e ideológico.
Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
@renenunez51                      
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