domingo, 20 de noviembre de 2016

Dos países en uno


                                     

Se observan dos países dentro de uno, ambos negados a reconocerse y a unir esfuerzos en la procura de soluciones a la crisis estructural y multifactorial que padecemos los ciudadanos de esta nación; cuyos principales responsables, no cabe duda, son  los que vienen dirigiendo nuestros destinos desde hace 17 años.
Uno, el mayoritario, el más afectado, conformado por casi la totalidad de la población, el que a diario hace milagros para sobrevivir a las miserables condiciones  de desabastecimiento de alimentos y medicinas a los cuales los han conminado los supuestos luchadores, protectores y defensores del pueblo. Una tragedia familiar sentida por sus integrantes, desde que se levantan hasta que se acuestan. Todos los días salen a buscar  los alimentos básicos necesarios para cubrir las vitaminas y las calorías que  demandan sus sistemas orgánicos; las medicinas de control de sus enfermedades; corriendo el riesgo de que no sean atracados o abusados por los malandrines de la calle que operan y actúan a sus libres albedríos. Unos venezolanos angustiados e impotentes que sienten como la esperanza de sus vidas se reducen exponencialmente ante la ignominia y sordera de unos poderes públicos sumisos e irresponsables.
El otro, el país pequeñito, representando por los que gobiernan y por los que aspiran a serlo, concentrados en una lucha donde el debate se reduce fundamentalmente al poder y al relevo de gobiernos.
Entretanto, casi 30 millones de venezolanos se impacientan porque los acuerdos no se materializan en la solución de la conflictividad de poderes menos en la estrategia cómo van a atacar los desequilibrios económicos y sociales causantes de la desnutrición, hambruna y pérdidas humanas.
No nos oponemos a la necesidad estratégica de exigencia de cambio de gobierno y del modelo centralista y autoritario; lo inaceptable e inhumano es tratar de hacer prevalecer lo político sobre lo económico en las condiciones en que se encuentran las comunidades.
Sí bien lo político es parte de la solución de la crisis país, no es menos importante resolver lo económico como prioridad, al cual hay que atender con carácter de emergencia, antes que la crisis los desborde y superen en la conducción y control de la misma.  Las encuestas vienen reflejando lo que ellos no quieren reconocer y valorar, y es que la inmensa mayoría  de nacionales se están desencantados progresivamente de los partidos, de los dirigentes y, lo más grave, de las instituciones.
No se trata de un  juego de apuestas a vencedores o perdedores. De lo que se trata es de la defensa y protección  de los sagrados derechos a la  vida, a la nutrición y alimentación, a la seguridad de las familias sin distingo o preferencia alguna.
 “Qué tu alimento sea la medicina y que tu medicina sea tu alimento” Hipócrates.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
@renenunez51                      elportachueloderene.blogspot.com
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domingo, 13 de noviembre de 2016

Comenzar, hacer, observar y pensar por Venezuela


                                     

Las relaciones humanas siempre han sido difíciles y complejas. Lo fue en el  pasado, lo es en el presente y lo será siempre en el futuro. Somos una raza imperfecta, cada ser humano tiene un ADN distinto. La complicación se agrava cuando la política, los gobiernos, los líderes y los intereses de la sociedad, entran en contradicciones y desencuentros para ponerse de acuerdo en propósitos comunes para garantizar la convivencia social en igualdad de trato, condiciones y oportunidades. La secuela son los conflictos.
Desde que el mundo tiene razón y conciencia, las lidias por lo general se han resuelto pacíficamente con diálogo, prevaleciendo la paz; en cambio, cuando se ha tomado la vía apocalíptica: la violencia, los daños humanos han sido incuantificables; sus responsables después recurren al coloquio que se negaron al principio.
Al diálogo fecundo es el que hemos estado invocando desde inicio del año para favorecer la resolución del  grave y mayúsculo conflicto-país que padecemos como resultado de unas políticas públicas ineficientes, excluyentes, pocas transparentes ante la mirada complaciente e encubridora de unos poderes públicos, no autónomos e independientes.
Ante ese vacío institucional, el autoritarismo descolló, haciéndose del control total del Estado, dejando indefensos y desprotegidos la ciudadanía en general; a quienes la constitución, las leyes, los gobiernos y los dirigentes se deben.
Afortunadamente, el sábado pasado por fin salió  “humo blanco”  de la II reunión plenaria del diálogo nacional con representantes del gobierno de turno y de la MUD,  al anunciarse la hoja de ruta que permitirá normalizar la relación constitucional entre los poderes, el respeto recíproco entre los mismos y la exploración en el marco legal, constitucional y de respeto a la soberanía nacional que contribuyan a la mejora de las condiciones de abastecimiento de la población. Acordaron otros temas, no menos importantes.
El que se haya iniciado el diálogo entre las partes no significa que el conflicto vaya a resolverse; sin embargo, que se haya dado el intercambio de opiniones y puntos de vistas con clara intención de lograr acuerdos, es un paso positivo y pro activo para alcanzarlos. Les toca ahora a los representantes de ambas partes, poner en ejercicio sus capacidades y habilidades estratégicas para seguir avanzando y desenredando un conflicto, donde hasta ahora el gobierno tenía absolutamente todo bajo control.  
Si la MUD como  el gobierno, obran con sinceridad y responsabilidad, anteponiendo los sagrados intereses de la nación por encima de sus intereses particulares, grupales y partidistas, existirán razones para creer y esperar buenos resultados; para ello, estos  actores no deben dejar que las posturas radicales de sus bandos se interpongan en este proceso de entendimiento nacional. Aquí la única apuesta a ganador, en esta primera etapa, es la solución de los problemas de abastecimiento de alimentos y medicinas, la inflación, el bajo poder adquisitivo, el trabajo decente, la seguridad, las libertades y bienestar social de todos los venezolanos.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 6 de noviembre de 2016

“AQUÍ Y AHORA”


                                     
                                    

Cuando se publique esta columna de los miércoles, habremos ya bautizado este libro de Eduardo Fernández en Ciudad Guayana. Me tocó presentarlo a la comunidad guayacitana, una distinción que valoro mucho por el afecto, admiración y reconocimiento intelectual, político, ciudadano y padre de familia,  que le profeso a su autor; uno de esos venezolanos valiosos, incomprendido por las mayorías nacionales pero como pocos, en esto de la política, uno de los de mayor coherencia en cuanto a pensamientos, acciones, decencia pública y privada.
Un documento histórico, político-humano-social, que recoge la  autenticidad  de una nación que  “dejó de hacer” “dejó pasar” decisiones fundamentales que pudieron haber anticipado las amenazas, los riesgos y las secuelas de las que hoy sufren los venezolanos.  No nos sorprende para nada el secuestro de las instituciones, de la constitución y del ejercicio democrático. Era predecible.
Igualmente, se desaprovecharon  de manera irresponsable las oportunidades económicas con un precio $100/barril de petróleo, cuyos ingresos eran suficientes para haber adelantado con patriotismo e inteligencia la transformación de los recursos materiales y humanos en progreso y desarrollo humano. En calidad de vida integral.
Con “Aquí y ahora”, Eduardo nos vuelve a advertir del peligro presente y  futuro país, los cuales obligan  a todos los sectores y actores del sistema de libertades a ponerse de acuerdo.
“El Tigre”, como siempre,  insiste en la Educación como prioridad nacional. No hay otra, para resolver la crisis estructural. “Si ganamos la batalla de la educación  tendremos futuro, de lo contrario, seremos un país tercermundista, irremediablemente”. “El futuro está en la materia gris no en las materias primas”. Le agregaría, “ni en colores e ideologías”.
No cabe duda que la crisis moral se debe a que el estado y la dirigencia no  terminan de entender que la Educación es la prioridad número uno en el plan de desarrollo de la nación, hoy desdibujado y desalineado del espíritu constitucional y democrático.
Comparto con Eduardo, las razones de sobra que tenemos para protestar y exigir cambio de gobierno y modelo político, económico social, pero, ello no nos impide con la misma fuerza ética para reclamar una mejor oposición, convertida en alternativa democrática sobra la base de una unidad y un consenso nacional alrededor de los graves problemas básicos de la sociedad venezolana, como lo son, entre otros: la inflación, el desabastecimiento,  el alto costo de la vida, la recesión económica, la inseguridad.
No se trata de un sueño sino de una agenda política realista que nos una y no nos separe, orientada al fortalecimiento de la democracia, a la separación de poderes, a la reactivación del aparato económico, a la atención prioritaria de los grupos sociales más vulnerables; a la lucha integral contra la inseguridad, al combate y derrota de la ignominia de la corrupción con valores morales y éticos como cultura de vida.
Son, entre otros, temas que el libro nos plantea como reflexión autocrítica país, donde los resultados hasta ahora alcanzados dejan mucho que desear al compararlo con los de otros pueblos del mundo en materia de prosperidad, seguridad y bienestar social.
La infortunada política de estos últimos 17 años de gobierno en Venezuela, ha sido otro ejemplo demostrativo del fraude y engaño del socialismo autoritario, el cual bajo la excusa de garantizar la distribución equitativa de la riqueza y de las oportunidades, terminan controlando  la economía y la ciudadanía, negando sus libertades, irrespetando el derecho ajeno. Creando más pobreza y desigualdades sociales.
“La política es diálogo. En donde no hay diálogo, no hay política. La alternativa al diálogo y a la política es la violencia y la guerra. Cuando fracasa la política, irrumpen la violencia y la guerra”. Eduardo Fernández.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 23 de octubre de 2016

La confrontación nos empobrece más…


                                    

Escribo esta columna, edición 1.400, apenas saliendo del programa de radio Onda Global que todos los domingos de 8 a 9 de la mañana por Onda 97.3FM, Guillermo Mosquera y este servidor producimos y moderamos. El entrevistado de la semana, un venezolano muy especial y a quién  le profesamos mucho respeto y admiración por su perseverancia, constancia y convicciones democráticas,  no solo en el pensamiento sino en el accionar. Me refiero al Dr. Eduardo Fernández, presidente del Centro Internacional de Políticas Públicas, IFEDEC, una institución de casi de la misma edad de nuestra hoy frágil y precaria democracia.
Lo invitamos, a propósito de su nuevo libro “Aquí y Ahora”, publicado por la Fundación Alberto Adriani e IFEDEC, que estaremos bautizando acá en Puerto Ordaz, el 8 de noviembre, a las 5 pm, en la sede de Fedecámaras Bolívar y la Cámara de la Construcción.
Le recordamos al Dr. Fernández, aquel 4 de febrero de 1992 cuando en pleno proceso de la asonada militar de Chávez, irrumpiendo el orden constitucional, tuvo el arrojo de acercarse a un canal de televisión corriendo todo los riesgos que ello implicaba, para dirigirse al pueblo venezolano y manifestar su absoluto rechazo al golpe en desarrollo; además para exhortar a las fuerzas armadas nacionales a salir en defensa de la institucionalidad democrática. Igualmente nos advertía, de las consecuencias nefastas y del atraso social que padecería el pueblo venezolano si la sublevación castrense hubiera tenido éxito, que al final no lo tuvo.
Un caraqueño que supo asumir sin miedo, el rol de lo que un líder democrático auténtico le corresponde en una situación tan delicada como esa. Lo hizo con total desprendimiento de sus intereses partidistas y personales, para ponerse de lado -como debe ser- de los intereses de  la democracia, de la constitución y los de la nación.  Una conducta política incomprendida por la sociedad democrática, hasta el sol de hoy. Quién sí se aprovechó de la situación fue el Dr. Rafael Caldera, días después, cuando pronunció ante el congreso nacional aquel discurso difuso, populoso, regocijándose de alguna manera con las razones que habrían llevado a los golpistas fallidos a irrumpir la constitución del 61; discurso que lo llevó de nuevo a la presidencia de la república. Años después, los implicados en la insurrección militar fueron indultados por el Dr. Caldera. Por eso, en 1998, Chávez con apoyo e influencia de algunos medios de comunicación social y poderosos sectores económicos  llega  a Miraflores. Las mayorías nacionales votaron por él.
Esa es la historia, la verdad, que no se puede olvidar; sí queremos reconocer y entender parte de la génesis del  ¿por qué? estamos como estamos.
Con el  “Aquí y Ahora”, su autor nos vuelve advertir no solo la gravedad y la dimensión de la crisis institucional, política, económica y social que padecemos sin también nos ofrece soluciones a través del diálogo y no el camino de la confrontación permanente que a nadie beneficia, como la vía obligada para el entendimiento nacional. Estamos mal, iremos peor y a Venezuela entera le irá igual, si no nos ponemos de acuerdo.
Compartimos en sus reflexiones, que la elección de un nuevo gobierno y el cambio de modelo es un paso ineludible e impostergable en el tránsito de la recuperación del país; sin embargo, no es menos importante, la necesidad de construir espacios para el consenso nacional en el tema de la gobernabilidad y en el proyecto país de largo plazo, distinto al de hoy: sin controles de precios, sin controles de divisas, apoyando y facilitando a los sectores productivos a invertir y crear empleos directos e indirectos, donde la educación, la salud, el cobro de impuestos, la seguridad, el respeto, la separación de poderes, sean, entre otras acciones pro activas y constructivas, las tareas máximas y prioritarias del Estado y gobiernos. Las consecuencias económicas y sociales serán más severas; si se sigue concentrando todos los esfuerzos en lo político e ideológico.
Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
@renenunez51                      
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domingo, 16 de octubre de 2016

¿ESTADO DEMOCRÁTICO?


                                     

Con la ida del dictador Marcos Pérez Jiménez, 23 de enero 1958, la junta de gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal convocó a finales de ese mismo año, las primeras elecciones libres en el país. El 31 de octubre de 1958,  dirigentes de los partidos que estaban en el exilio, firmaron el "Pacto de Punto Fijo" con el objetivo de afianzar el incipiente sistema democrático, fijando las reglas de convivencia entre partidos.  Rómulo Betancourt, resultó ser el primer presidente democrático, derrotando a Larrazábal (URD) y Caldera (Copei). Un periodo complicado para Betancourt, ya que hubo varios alzamientos militares (“Carupanazo” “Porteñazo”) y hasta un atentado contra su vida. Aparecieron movimientos guerrilleros, apoyados por Fidel Castro,  los cuales no tuvieron éxitos. La política de pacificación iniciada por Leoni y materializada por Caldera, disuadió a sus cabecillas a seguir adelante. Una historia que vale la pena recordar y tomar en cuenta, en los tiempos de la Venezuela de hoy en crisis, donde prevalecen antagonismos y una polarización extrema.
En esa misma dirección, de refrescamiento de la memoria descriptiva país, vale la pena tener presente que la democracia se caracteriza por intervención de los ciudadanos en la escogencia y el ejercicio del gobierno político del Estado.  El gobierno de las mayorías, “el gobierno del pueblo y para el pueblo”, surge producto  del sufragio y control sobre la toma de decisiones de sus representantes elegidos.
El Estado democrático descansa en los poderes públicos constituidos, sus rectores se obligan ante la constitución y los ciudadanos que los eligieron, a respetar el principio de soberanía popular; el método más idóneo para resolver controversias y conflictos domésticos de gobernabilidad.
En estos tiempos modernos, ya no solo es importante la “legitimidad de origen” sino también la “legitimidad de ejercicio”; por ello, en las cartas magnas de algunos países de la América Latina, como la nuestra, se han incluido mecanismos de consulta popular para relegitimar o deslegitimar gobiernos en ejercicio (Referendo Revocatorio); cuando no están cumpliendo con sus funciones constitucionales.
Los poderes públicos son garantes del Estado de derecho. Bajo ninguna circunstancia,  su ejercicio puede dejar de proteger y defender  los derechos humanos y soberanos de los ciudadanos. A quienes se deben.
El 6 de diciembre 2015 con ocasión de las elecciones parlamentarias, el electorado venezolano tomó la decisión bizarra de cambiar sustancialmente la correlación de fuerzas dentro de la Asamblea Nacional; la mayoría que antes había impuesto a favor del gobierno de turno; esta vez, se la dio a la oposición con plenas facultades (112 diputados) para ejercer mayores y mejores controles al poder ejecutivo. Un dictamen que a la fecha, no ha sido acatado por el poder ejecutivo; creándose una conflictividad de y entre poderes, que en nada ha contribuido a solucionar la grave crisis económica y social que padecemos, casi todos. La constitución nacional es clara y determinante, en la exigencia a los regentes de los poderes públicos a cooperar mancomunadamente en dar respuestas a las necesidades de los ciudadanos, en todas las materias de sus competencias.
Las decisiones que se han venido tomando, en especial la de la semana pasada, relacionada con la aprobación del Presupuesto de la Nación, por el poder ejecutivo con apoyo del TSJ, han dejado mucho que desear en cuanto a equilibrio, transparencia y justicia constitucional. No cabe duda, las sentencias de la Sala Constitucional No. 806 y 810 de septiembre, desconociendo la autoridad de la Asamblea Nacional y declarando sus actos previos y futuros nulos; implican el desconocimiento de la voluntad de las mayorías  nacionales de diciembre pasado en las elecciones legislativas; en otras palabras, la negación del principio de soberanía popular que reside en los electores. El dilema qué se nos presenta como sociedad democrática, qué hacer? cómo hacer? a dónde acudir para el restablecimiento de la soberanía ciudadana?
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lunes, 10 de octubre de 2016

Un país en reversa que pide ser enderezado


                                     

Nada más traumático en la vida cuando los pueblos se ven obligados, voluntarios o involuntariamente, a desviarse del camino por dónde venían transitando y avanzando, con lentitud y trabas, pero en la dirección correcta de las libertades y en democracia. Cómo es nuestro caso, el venezolano. Quién, en 1998, decidió seguir a un supuesto redentor, después de 200 años, para resarcir y completar la obra libertaria inconclusa dejada por  Simón Bolívar. La culpa ha sido atribuida a la oligarquía y al imperio norteamericano. El salvador, resultó ser Hugo Chávez, el nuevo mesías que vino hacer justicia social no solo en Venezuela sino en América Latina, con la promesa de conceder a los pueblos la mayor suma de felicidad posible.
La realidad es que el régimen del profeta (continuado por Maduro), que ya no está entre nosotros, en 17 años, ha hecho todo lo contrario; pues se dedicó a potenciar los intereses ideológicos y personales desde el poder, y no las fortalezas, las condiciones, las posibilidades y las oportunidades de las personas en libertad para vivir la vida que se merecen y valoran.
La diferencia  entre los países más desarrollados y países menos desarrollados, está en que los primeros, los desarrollados, se han concentrado en garantizar una mayor y mejor educación, salud, trabajo digno y decente con reglas de juego claras de integración de todos los habitantes. Este hecho explica los  buenos resultados en productividad que tienen sus economías y sus desarrollos sostenidos y sostenibles.
En cambio acá, esas condiciones fueron desmejoradas significativamente; explicando las razones del porqué de las devaluaciones continuas, el bajo poder adquisitivo, la hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad; entre otras.
Las naciones exitosas se han caracterizado por su desarrollo sustentable, dejando al mercado solucionar  problemas de la sociedad, con un estado creando oportunidades y capacidades, facilitando y no obstruyendo la imaginación creadora de los distintos actores y sectores económicos y sociales.
La institucionalidad en este sentido juega un rol clave. Un estado respetuoso de la propiedad privada y la vida de los habitantes, tiende a generar condiciones para que las inversiones sean atraídas.
Nada de eso tenemos. Y no las podemos tener, al no haber separación de poderes públicos, capaces de administrar la razón, la verdad, las normas de derecho con equilibrio y justicia a la hora de su aplicación; condiciones de seguridad y confianza requeridas por el inversionista.
La economía privada acorralada, controlada, desestimulada y amenazada, hacen de nuestra nación, igual, poco confiable para contar con recursos y auxilios financieros, necesarios para no solo amortizar deudas, cancelar nóminas públicas, caracterizadas por exceso de burocracia y gasto fiscal, sino también para financiar proyectos de recuperación del aparato productivo en ruinas.
No es un problema de capricho político sino de interés nacional, la necesidad ineludible e impostergable  de un cambio de gobierno y de modelo económico, capaz de diseñar políticas públicas y estrategias correctas y viables, donde el trabajo y la productividad sean los motores aliados para la creación de riquezas económicas y riquezas humanas; cuyo centro del plan de desarrollo sean las personas; a quienes el Estado, los gobiernos y los dirigentes se deben y no al revés, cómo han pretendido culturalmente hacernos creer, los políticos de oficio.
Los ciudadanos, por nuestro lado, no debemos seguir apostando “al azar” liderazgos u opciones de poder, sin evaluarlos con la rigurosidad del compromiso de la gobernabilidad. ¿Quién garantiza mayor prosperidad, a todos? ¿Quién está mejor preparado para hacerlo? Los colores, todos, son hermosos y brillantes, por naturaleza; los hombres o las mujeres no necesariamente los son por llevarlos en su vestimenta de campaña.
Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
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lunes, 3 de octubre de 2016

Habló quien tenía que decidir sobre la paz en Colombia


                                     

Una de las fortalezas del sistema democrático es la de legitimar sus decisiones de gobernabilidad política de Estado mediante procesos electorales con la aprobación y voluntad de las mayorías. No siempre, los resultados son los convenientes, esperados y justos; sin embargo, el sistema ofrece la posibilidad de reparar las equivocaciones o decisiones desacertadas en consultas posteriores. Mientras mayor educación y conciencia ciudadana tengan los pueblos, mayores posibilidades de aciertos tendrán. En esto juega mucho, la calidad del voto.
El pasado domingo, como se había previsto, se realizó cívicamente el plebiscito de paz de Colombia que tenía como objetivo aprobar o desaprobar el acuerdo firmado por el presidente Juan Manuel Santos con las FARC en La Habana después de 52 años de guerra. Una insubordinación civil armada que causó más de 220.000 muertes entre civiles y militares, sin contar los incapacitados dejados por este terrible flagelo bélico doméstico.
Un proceso negociado por el Gobierno de Colombia y las FARC durante 46 meses en Cuba. Según el gobierno de Santos, el componente  guerrillero es de 10.500: 8.500 de las FARC y 2000 del ELN.  
Los colombianos decidieron con el 50,2% rechazar los acuerdos de paz; mientras un 49,7% se decantó por el “Si”, con una abstención de más del 60%. Un resultado evidentemente muy estrecho, una diferencia de  apenas de un 0,5% (62.000 votos) que, incluso, ninguna encuesta supo predecir.
Sí se puede hablar de ganadores, no me cabe duda, el triunfador político de esta jornada electoral resultó ser el expresidente Álvaro Uribe, defensor del “No”.
Otro ejercicio de expresión de voluntad política soberana de la sociedad colombiana.  Igual, vale la mención y reconocimiento al poder electoral de ese país por organizar el plebiscito en 33 días con autonomía, independencia, eficiencia y transparencia; conduciendo un proceso manual, descentralizado por departamento, para que a las dos horas de cerrada la votación ya se tuvieran publicados los resultados de más del 90% de las mesas escrutadas.
Uribe, líder del partido Centro Democrático, centró la campaña del “No” en criticar los acuerdos de La Habana en cuanto a la participación  en política de los líderes guerrilleros y el hecho de que ninguno pagará cárcel siempre y cuando reconozca sus crímenes. En otras palabras, rechazó categóricamente la impunidad;  además fue coherente en torno a la política de Seguridad Democrática que debilitó las FARC durante su gobierno, y donde el actual presidente Santos fue su ministro de Defensa.
La guerrilla sigue siendo muy impopular entre los colombianos por los daños materiales y humanos durante todo este tiempo de conflicto armado, y de alianza con el narcotráfico, negocio que les ha garantizado la supervivencia en la selva y sus combates frente al Estado colombiano.
Si algo ha de reconocerse a Santos, la decisión de convocar a un referéndum para validar el pacto de La Habana; pues él podía haberlo ejecutado sin consulta alguna, tenía la potestad constitucional para hacerlo, y no lo hizo. El tiempo le ha dado la razón, si tomamos en cuenta el dictamen popular del 2 de octubre.
¿Qué hacer ahora? Ante una votación que habla de las profundas divisiones que hay entre los colombianos, una polarización política, en dos mitades casi iguales, que obligan tanto al gobierno como a la oposición a dar una lectura correcta y oportuna. No es hora de victoriosos o de perdedores, el pueblo colombiano les ha enviado “un mensaje a García” muy claro y contundente “pónganse de acuerdo”.  Ambos sectores tienen algo en común y así lo demostraron en la campaña, su compromiso por la paz. La diferencia fundamentalmente radica en el destino político de los líderes de las guerrillas y la justicia de los autores intelectuales y materiales de los crímenes de lesa humanidad. Amanecerá y veremos.

Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar @renenunez51                      
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domingo, 25 de septiembre de 2016

Autocrítica constructiva para avanzar en lucha democrática


                                    

En estos tiempos de revolución de las telecomunicaciones, la planificación estratégica, no cabe duda, se ha convertido en la herramienta imprescindible de la gerencia de cualquier proceso. Te obliga a no improvisar para lograr los objetivos estratégicos relacionados con la misión de la organización o movimiento. Se trata de prevenir las amenazas.
El ejercicio de la política, no está exenta de su aplicación y utilidad práctica. Más aún cuando la incertidumbre y las amenazas del entorno político, económico y  social siempre están presentes, produciendo desequilibrios; por ende, desigualdades. Estas se producen cuando la demanda de respuestas a las necesidades de la gente, supera  a la oferta de soluciones de las autoridades responsables de satisfacerla. Un ejemplo de esas inestabilidades, nuestra realidad nacional.  Se está ante una crisis estructural; cuyos desajustes y conflictividad en lo institucional, lo económico, lo político, lo social, lo democrático, son de tan extrema magnitud que están impidiendo a los venezolanos avanzar como nación civilizada y democrática, en materia de ciudadanía, productividad y desarrollo humano. Se adolece de orden y gobernabilidad.
Un dilema hasta ahora no resuelto. Sigue privando una marcada y separada polarización entre gobierno y oposición. Por un lado, el gobierno, empeñado y concentrado en mantener el poder, a todo riesgo, sin importar y reconocer su axiomática incapacidad para crear consensos y superar las dificultades país. Por el otro, la oposición exigiendo con derecho, espacios y oportunidades de relevo; apoyándose -como debe ser- en los reclamos de las mayorías nacionales;  únicas competentes para otorgar no solo la legitimidad de origen sino de ejercicio de los regímenes de turno.  
La reflexión la traigo a colación, porque el cerco democrático tiende a cerrarse cada vez más. No se trata de un problema de batallas sino de un proceso de civilidad republicana para lograr bienestar, justicia y paz. De relevo permanente. De mejoramiento continuo. Ir en contra de esos propósitos nobles de humanidad, no es ser democrático.
La última decisión del CNE, no nos sorprende en absoluto. Previsible y obvia. Quienes pensaron lo contrario, cayeron por inocentes, demostrando con ello que no han practicado la planeación en cuanto a la investigación y conocimiento del competidor gobierno. Pareciera, no habrían previamente analizado sus fortalezas y debilidades, para aprovechar las pocas oportunidades que van dejando. Son preguntas para analizar y revisar, sin emociones y pasiones. Las estrategias son ajustables en función de los resultados que se van logrando. Hay que hacerlo oportuno y correctamente.
Esta semana pasada, en su artículo semanal, el Dr. Eduardo Fernández decía una verdad irrefutable  “en esto del  Referendo Revocatorio, no se podía poner todos los huevos en una sola canasta; dejando de lado la elección de gobernadores y legisladores, que no requerían de firmas”. Juicio muy acertado, porque en la planificación de la MUD de este año, nunca tuvo prioridad esas elecciones con la cual se pudo haber obtenido en 2016  no menos de 20 gobernaciones con control de las mayorías en los consejos legislativos regionales, poniendo en “jaque” político al gobierno central y al partido oficialista.
El sábado pasado, la Sociedad Civil Cachamay, IFEDEC Bolívar, Súmate, Colegio de Ingenieros de Ciudad Guayana, Sociedad Civil Activa, organizaron un conversatorio, al cual asistieron representantes de la MUD y algunos diputados opositores, con el propósito de promover y establecer un vínculo entre la dirigencia partidista opositora y los ciudadanos de manera activa y permanente. Una plataforma donde se incorporen representantes de todos los sectores de la sociedad, para oírse y entenderse, respetando sus roles, y reconociéndose uno al otro el derecho político-social de formar parte activa de esta lucha de resistencia por el rescate y defensa de la democracia y la gobernabilidad. Una reunión exitosa, se llegaron a varios acuerdos y se plantearon algunas consideraciones que en los próximos días a través de un documento se entregará a la MUD y se hará público. No obstante, algunos dirigentes de este ente, reeditaron la cultura de no reconocer desaciertos ni errores; por el contrario, se ufanaron de un trabajo opositor absolutamente exitoso ¿?.

Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
@renenunez51                      
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lunes, 19 de septiembre de 2016

La paz que se pide afuera, la necesitamos adentro


                           
                                    

La Canciller de la República, en su discurso inaugural de la Cumbre de Países No Alineados (MNOAL) realizada la semana pasada en Margarita, dijo “la paz del mundo sigue vulnerada por las potencias  sin recato y respeto a las normas de la Organización de las Naciones Unidas” (ONU). Mientras lo afirmaba con su característica y convicción revolucionaria, por mi mente se paseaba la inconformidad que tenemos la gran mayoría de los venezolanos con el régimen de turno, por no hacer esfuerzos sinceros y serios para garantizarnos justamente la paz que ella invoca hacia fuera y se niega hacia dentro.
Una paz debilitada por una crisis humanitaria que cada día produce estragos similares a los de los conflictos bélicos. Imposible de ocultar la escalada de violencia en la calle que en los últimos años se vive en todos los estados y dependencias federales; cuyas cifras de muertos superan con creces a guerras convencionales pasadas y presentes. Un gobierno que ni siquiera la ha reconocido y tratado como materia prioritaria de estado.
Los problemas económicos, políticos y sociales son de extrema gravedad que cada día transcurrido genera mayor incertidumbre y desesperanza a todo nivel social.
No hay recato, respeto ni garantías para quienes toman las calles exigiendo gobernabilidad y soluciones. La gente vive en zozobra permanente y sometimiento represivo.
Una condición primaria para la paz es el reconocimiento recíproco y respeto entre gobierno y gobernados. El primero constitucionalmente es garante del equilibrio institucional, el principal modelador ético y humano de una nación civilizada y decente.
Los que creemos y seguimos teniendo fe en el sistema democrático, no en éste que tenemos, estamos obligados a resistir en la exigencia del derecho al disenso, a la libre expresión  de nuestras ideas y pensamientos. Incluyendo el de la participación en la discusión y diseño de las políticas públicas. Como en su seguimiento y evaluación.
Nuestro desafío es único, no debe haber otro que no sea el del progreso y desarrollo humano, y no cualquier desarrollo. El que incluya a todos sin distingo de naturaleza alguna, sostenible, inspirado en la libertad y la justicia social para reducir la brecha que separa a los más fuertes de los más débiles. Solo ello se logra con educación y trabajo decente, creador de riquezas económicas y riquezas humanas. Con obras y servicios de bien común.
Tenemos 17 años hablando de revolución más no de resultados de la revolución. Se sigue en la imaginación de un país distinto al que tenemos,  de mucho sufrimiento colectivo. La realidad de los hechos ha dejado atrás dogmas y utopía de cambios,  por ningún lado se ha materializado la igualdad y justicia social prometida.
Nunca en la historia democrática, el pueblo venezolano había deseado la paz como ahora. Una concordia sentida e imprescindible, exigiendo a gritos a sus dirigentes y gobernantes ponerse de acuerdo para superar la oscuridad con luces de auténtico patriotismo y la brillantez  de la inteligencia.  
Sigue pendiente una voluntad país para el inicio de un dialogo fecundo y sincero. Lo que si estamos claro que por el camino en tránsito no es la vía para superar la crisis, el atraso y la tensión social.
La lucha contra la violencia es la construcción de la paz. El respeto del derecho ajeno. Haciendo de los problemas soluciones individuales y colectivas justas y compartidas.
Hartos estamos de discursos, promesas e ideologías. Cómo lo dice Su Santidad Papa Francisco: las ideologías suelen quedarse en el compromiso de gobernar “por el pueblo, para el pueblo pero sin oír al pueblo”

Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
@renenunez51                      
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domingo, 11 de septiembre de 2016

¿ALINEADOS AL SUBDESARROLLO?


                                     

Después de la segunda mitad del siglo XX, el mundo fue objeto de una confrontación ideológica y geopolítica por parte de las dos (02) grandes súper potencias mundiales de la época, la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los Estados Unidos (EE.UU). Ambas potencias contaban con armas de destrucción masiva, forzando un equilibrio, una balanza de poder,  que persuadió a estos imperios a no tener un enfrentamiento directo en su lucha por el dominio o supremacía del sistema internacional. Optaron por recurrir a las llamadas “guerras delegadas” a través de sus países alineados. Los soviéticos se apoyaron en los llamados “satélites”; los americanos en los “aliados”. Vietnam y Corea, son, entre otros,  ejemplos de esos conflictos bélicos  delegados por ellos.
Mientras esta lucha se desarrollaba y mantenía a la humanidad bajo tensión política; los países que emergieron del proceso de descolonización en África y Asia, en conjunto con los países latinoamericanos que no estaban alineados a ninguna potencia, decidieron organizarse en defensa de los valores de la soberanía e independencia del “tercer mundo”.
El 6 de septiembre de 1961 en la Cumbre de Belgrado con participación de 25 países, se crea el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) con la finalidad de gobernar las relaciones entre las naciones grandes y pequeñas. Para formar parte de la membresía, había que cumplir con los siguientes criterios:
1. Adoptar una política independiente basada en la coexistencia de Estados con diferentes sistemas políticos y sociales y en el no alineamiento, o demostrar una tendencia a favor de tal política.
2. Apoyar consistentemente los movimientos por la independencia nacional.
3. No ser miembro de una alianza multilateral militar concluida en el contexto de los conflictos de las grandes potencias.
4. En caso de tener  un acuerdo militar bilateral con una gran potencia, o ser miembro de un pacto de defensa regional, el acuerdo o pacto no debe haber sido uno de los concluidos deliberadamente en el contexto de los conflictos de las grandes potencias.
5. De haber concedido bases militares a una potencia extranjera, la concesión no debe haber sido hecha en el contexto de los conflictos de las grandes potencias.
Con el derrumbe del muro de Berlín en 1989 y la disolución de la URSS en 1992, cesó la llamada “Guerra fría”; no obstante, el MNOAL continuo fortaleciéndose hasta tal punto que hoy lo integran 120 países que son miembros plenos; de los cuales 27 son de América Latina y el Caribe: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Dominica, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, Suriname, Trinidad y Tobago y Venezuela. Una variedad y diversidad de regímenes con pensamientos y ejecuciones públicas internas y externas muy marcadas.
El movimiento incorporó en 2012 nuevos objetivos como la defensa de los Derechos Humanos, del Derecho Internacional; la búsqueda de justicia y equidad en un mundo globalizado. La mayoría de esas naciones no  cumplen con éstos propósitos.
La próxima Cumbre, la XVII, está prevista realizarse en Margarita entre el 13 y 18 de septiembre, donde Venezuela asumirá la presidencia del MNOAL por un período de tres años.  A pesar de que el gobierno de turno no ha cumplido tampoco con la mayoría de los objetivos de este movimiento; pues, mientras hacia afuera pide respeto a la soberanía, independencia y autodeterminación de los pueblos; hacia adentro se lo niega a los nacionales.
Resumiendo, otra Cumbre de No Alineados, meramente protocolar, cuyos países miembros siguen anclados en lo ideológico y no en lo que los debe unir como fuerza, la búsqueda del progreso y desarrollo humano para garantizar a su gente prosperidad, seguridad y bienestar social en libertad.    
Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar      @renenunez51                      
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domingo, 4 de septiembre de 2016

La violencia se combate con paz duradera


                                     

No tengo duda que la democracia como sistema político está más cerca de la paz que de la violencia. Hay democracias desarrolladas y democracias menos desarrolladas. Su vulnerabilidad a la violencia depende fundamentalmente de la consolidación del estado de derecho y de la eficacia de las políticas públicas de sus gobernantes. Mientras más populosos, ineficientes, poco transparentes y autoritarios sean sus gobiernos, mayores posibilidades de tensiones y conflictos domésticos existirán en la sociedad.
En el mundo del subdesarrollo suele confundirse la violencia con la fuerza. La fuerza es el conjunto de medios y procedimientos de que se vale el derecho para obligar coactivamente el cumplimiento de la norma o ley. En cambio, la violencia supone el uso ilegítimo de la fuerza; en otras palabras, el uso indiscriminado de la fuerza sin  ajustarse a principios preestablecidos. La situación se agrava cuando la violencia opera desde el mismo sistema político.
Nada más desgarrador en una sociedad de libertades cuando el juicio crítico, la verdad, la razón del ciudadano queda a merced del manejo sistemático del sub consciente de los que dirigen el Estado;  creándoles una extrema confusión mental para destruirle su escala de valores y principios.   
Los venezolanos atravesamos por una crisis política, económica, social y cultural inédita, cuya expresión se manifiesta con el incremento sin control de violencias como asesinatos, secuestros, torturas, detenciones sin causas justificadas, robos, exclusiones, expropiaciones y confiscaciones injustificables, conculcaciones de derechos constitucionales, derechos democráticos y derechos humanos.
En democracias funcionales, gobierno y oposición se reconocen, se entienden y se respetan los derechos y espacios políticos. Tienen claro que ellos se deben a los ciudadanos y no los ciudadanos a ellos. Las desviaciones son controladas y sancionadas por los poderes competentes  en la materia. Priva el equilibro institucional y jurídico.
Nada de esto tenemos en la Venezuela de hoy, no la tenemos porque no hay separación de poderes, el poder ejecutivo se ha adjudicado facultades plenas para decidir la planeación, ejecución, control y evaluación, no solo del Estado sino de la “democracia” y la de los ciudadanos.
Un laberinto, que tiene una salida constitucional como lo es el mecanismo del referendo revocatorio del presidente de la república pero que el régimen se niega a reconocer y aceptar. Una consulta al pueblo soberano para decidir si debe o no continuar dirigiendo los destinos de la nación. De conformidad con la Carta Magna, tanto el revocatorio como las elecciones de gobernadores deberían hacerse este año.
La paz verdadera de los pueblos solo es posible con justicia, y la justicia está asociada a la gobernabilidad del progreso y desarrollo humano de las personas. La satisfacción de las necesidades de los ciudadanos  sin poner en peligro la de las futuras generaciones.
La paz se construye alcanzando y superando los retos de la productividad pública y privada, de la igualdad social, de la educación, de la salud, del trabajo decente, de la transparencia pública. Con valores y principios morales y éticos, con libertad, con tolerancia y respeto.   
El desarrollo sostenible contribuye de manera decisiva a disipar y eliminar estas causas de conflicto y de la violencia, además de sentar las bases para una paz duradera.  Su finalidad es eliminar la pobreza y garantizar la prosperidad y bienestar de todas las personas.
El panorama nacional es inquietante y preocupante; nos dibuja una realidad histórica objetiva de desaciertos, errores, vicios y desencuentros. Nos llama a obrar de buena fe  por el bien común y justo. El destino nos condenará sino actuamos ¡ya! con madurez, inteligencia e imaginación creadora.
“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Martin Luther King.
Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
@renenunez51                      
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domingo, 21 de agosto de 2016

Ciudadanía, productividad y desarrollo nacional


                                      

Estamos mal como nación. Y pareciera no darnos cuenta de la magnitud del problema estructural Estado-Ciudadanos que tenemos. Las estadísticas económicas y sociales evidencian una descomposición general alarmante, estimulado por un cuadro de ingobernabilidad que hace vulnerable valores y principios básicos en lo que una sociedad sana suele apoyarse. Esa lasitud va reduciendo espacios, derechos y deberes a la ciudadanía, y ésta por su desatención a ejercerla cabalmente la convierte inerme en el seno familiar, en la comunidad, en el municipio, en la región y ante el propio país.
La nacionalidad, en una democracia funcional, otorga y garantiza al ciudadano un rol participativo y protagónico a través de los derechos políticos, los cuales bajo ninguna circunstancia deben ser enajenados; pues del buen uso y ejercicio que se hagan de ellos mayores y mejores posibilidades de gobernanza se tendrá.
Ahora bien, ello requiere de una ciudadanía capacitada y comprometida, consciente de que no requiere de autorización o permiso de alguien sino de ella misma para hacerse presente en el proceso país.  
De un Estado, también comprometido en  hacer de la Educación una de sus prioridades como fortaleza de la productividad; por ende, del progreso y desarrollo integral humano.
La Productividad  no es más que la relación entre los resultados y el tiempo utilizado para obtenerlos: cuanto menor sea el tiempo que lleve obtener el resultado deseado, más productivo es el sistema. Es un indicador de eficiencia que relaciona la cantidad de producto utilizado con la cantidad de producción obtenida. De allí la importancia de contar con una ciudadanía capacitada, emprendedora y responsable de buscar en cada de sus actividades el bienestar de todos; transformándose en un agente promotor y ejecutor de cambio y desarrollo sostenible con trabajo ético y juicioso.
En esa dirección, el Estado le toca junto con las universidades la responsabilidad del diseño curricular más idóneo para orientar la formación integral humanista del ciudadano que le permita participar en procesos de desarrollo económico y social en su entorno familiar, escolar y comunitario. Garantizando la equidad en el acceso a las  oportunidades. Cubriendo, entre otros objetivos, la formación de un espíritu emprendedor y de liderazgo, planificación y ejecución de proyectos, administración del hogar y de las empresas, manejo de procesos contables y estados financieros. Insumos adecuados, tecnología productiva y diseño, aplicación de normas de seguridad laboral. Valores elementales como los de la disciplina, la puntualidad, el respeto a los derechos ajenos, la integridad; en fin, la ética como principio de gestión.
Estamos urgidos de un Estado democrático funcional, unos ciudadanos integrales capacitados, una productividad individual, familiar y comunitaria solvente; en otras palabras, de un proceso de progreso y desarrollo nacional viable y sostenible creador de prosperidad y bienestar general.
Nada fácil con la carga pesada improductiva del país de hoy. Pero ese es el reto que nos toca asumir, quienes creemos en las libertades, el mercado social libre y competitivo, la ciudadanía activa y educada.  Una realidad nacional que hay que trabajar y revertir entre todos los demócratas de bien común. Partiendo del reconocimiento de la existencia de un rezago “in crescendo” de excluidos de las bondades de la urbanidad y de la educación.
La ética y la política son cualidades indispensables para una “polis” virtuosa, decían los griegos. La virtud como hija natural de la ética, se manifiesta fundamentalmente en las relacione sociales. Vamos a estar claro, no la tenemos ni en el gobierno ni en gran parte del liderazgo emergente.
El daño mental que se le ha hecho a las familias, de manos de las pasiones, de las acciones irracionales, del ejercicio desequilibrado desde los centros de poder en estos últimas dos décadas, nos obliga con mayor fuerza a establecer el sentido común o la razón humanitaria de la república.

Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
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domingo, 14 de agosto de 2016

Política, planificación estratégica y resultados


                                   

La vida no es perfecta. Tampoco las sociedades. Sin embargo, la civilización no ha dejado de luchar por su perfectibilidad desde sus inicios. Igual pasa con la política y la democracia.
La política no es más que la habilidad o destreza humana para buscar soluciones a los problemas y atenuar las diferencias dentro de las opciones que dispone la humanidad.
Lo contrario a la libertad, a la república, al liberalismo es la tiranía, la dictadura, la autocracia. Conceptos y experiencias que los demócratas debemos tener muy claro siempre para evitar mayores errores y consecuencias sociales a la hora del ejercicio del voto.
Nada más pervertido e insano dentro de la democracia, hacer de la  “anti política” una estrategia de búsqueda de poder fácil. Las descalificaciones sustituyen a la confrontación de ideas, soluciones certeras y viables. Lo hicieron algunos grupos en el pasado, ahora insisten en hacerlo sin medir el riesgo, la gravedad y magnitud de la crisis política, económica y social que atravesamos. Una cosa es la “politiquería” y otra la política democrática. Una cosa es el “politiquero” y otro el político democrático.
La política no es un problema de optimismo o pesimismo, sino de realidad. Lo más que uno puede hacer es evaluar tendencias de comportamientos; no obstante,  ni eso asegura con certeza lo que va a ocurrir. Hace 20 años atrás nadie imaginó la Venezuela de hoy.
La planificación es una herramienta fundamental para el logro de objetivos y hacer realidad diversos propósitos. Una cosa es la planificación normativa y otra la estratégica. La normativa se hace sobre la base de normas y procedimientos, los ejecutores no pueden salirse de ellos. No anticipa la presencia de obstáculos ni de escollos inesperados: supone que de una situación inicial pasa a una situación objetiva mediante una serie de acciones determinadas técnicas y procedimentales. El “deber ser”. No visualiza incertidumbre ni problemas. Es predecible.
En cambio la estratégica, además de considerar normas y procedimientos,  toma en cuenta la incertidumbre mediante la identificación y evaluación previa de factores externos  (oportunidades y amenazas) y factores internos (fortalezas y debilidades) que pueden asegurar el éxito o el fracaso  de los objetivos estratégicos. Trata de anticipar lo que otros actores pueden hacer.  Previene no predice.
Por qué y para qué hago esta disquisición conceptual?
La hago porque el objetivo estratégico de la Oposición de realizar este año un proceso revocatorio al actual presidente de la república, de conformidad con lo solicitado por el único convocante y revocante previsto en la constitución de 1999 que es el pueblo soberano, muy difícil se cumpla este año.
La planificación utilizada por la MUD para el logro de este objetivo fue la normativa; basada en el “deber ser”: la carta magna, el derecho; a conciencia de que no solo no hay estado de derecho para obligar a los rectores públicos pertinentes cumplir con el imperio de la ley sino que se está ante un régimen no amigo de las libertades con una carga acumulada de desviaciones y responsabilidades por responder a la justicia en su momento, dispuesto a impedir a toda costa la realización de dicho proceso en 2016.  Como en efecto hasta ahora lo ha logrado.
Para ello viene contando con la sumisión de los poderes públicos claves como son el electoral, el TSJ y en especial, el militar, bajo las égidas de un alto mando comprometido con la fidelidad a la revolución, la cual según las convicciones ideológicas del régimen es una institución suprema por encima del Estado y de la propia sociedad.
Ante esta realidad política y de poder, la Oposición debe obligarse a una revisión objetiva crítica de la estrategia hasta ahora empleada; así mismo a diseñar una alternativa para un escenario 2017 de revocatorio más probable. Ello no implica, obviamente, seguir insistiendo pacíficamente y dentro de la constitución para que se realice este año la consulta popular.

Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
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domingo, 7 de agosto de 2016

7 plagas de la política criolla


                                      

La crisis sociedad-Estado sigue agravándose. Son muchos los sectores que andan en lo suyo, preocupados y ocupados, en la búsqueda de una solución concertada pero sin ceder espacios y pretensiones particulares. Los hay en los del gobierno (en menor cuantía) como en los de la oposición. Sin embargo, hay claridad y consenso mayoritario en que la salida de la crisis pasa por una consulta popular (revocatorio) para que los ciudadanos, a quienes se deben gobiernos y dirigentes, decidan si el presidente Maduro debe continuar o no al frente del poder ejecutivo. La incapacidad manifiesta del gobierno central,  la escasa transparencia de las ejecutorias públicas y al poco interés mostrado de rectificación en la conducción  de los destinos del país, así lo justifican. Agravado por la no separación de los poderes públicos.
Por otro parte, existen otros grupos y organizaciones sin fines de lucro y aspiraciones electorales alguna, haciendo esfuerzos por un diálogo autocrítico  ciudadano constructivo para aprovechar estos desequilibrios éticos, democráticos, políticos, económicos y sociales, en una gran oportunidad para impulsar un cambio más allá de lo electoral que haga posible una nueva cultura política capaz de garantizarnos de manera sostenible unos resultados de gobierno distintos a los hasta ahora logrados en democracia. En esa misma dirección, hoy quiero referirme a 7 características comunes que debemos superar como sociedad inteligente, presentes en el quehacer político partidista y el quehacer gobiernero; las cuales nos vienen haciendo un daño estructural muy alto, dispersándonos en el logro de los fines del estado: prosperidad, seguridad y bienestar social. Ellas son:
1. Populismo
Una estrategia “caza bobos” para captar adhesiones y votos, magnificando  los intereses de la masa populares con soluciones mágicas e inviables. Desprestigiando a los partidos políticos tradicionales para justificar la creación de otros (nuevos). El pueblo se trata como esencia y fin último. A la nación como comunidad amenazada por el imperialismo extranjero y al Estado como agente de cambio. Las propuestas, demagógicas, ofrecen un alto contenido social “igualitario”, garantías de derechos políticos y humanos pero que al llegar al poder después no se cumplen por razones obvias.
2. Autoritarismo
Esa forma de ejercer la autoridad  o el poder de manera abusiva, con la cual hay que estar de acuerdo y obedecer siempre sus órdenes, sus verdades.
3. El sectarismo.
Se  refiere al irrespeto a la diversidad de pensamientos y acciones, a la intolerancia, a la discriminación u odio frente a las diferencias percibidas entre sus seguidores o grupos sociales, políticos o religiosos rivales.
4. La adulación.
Cuando los seguidores de estas autoridades o dirigencia, pensando en obtener un beneficio, una ventaja, una oportunidad de poder dentro de la organización y después en el poder, se dedican a alabarlas exageradamente, reconociéndole todo el tiempo que son únicos, inteligentes y exitosos en todo lo que predican y hagan.
5. Solidaridad incondicional.
Apoyo incondicional al líder, al dirigente o funcionario público frente a causas o intereses ajenos o distintos. En las “buenas como en la malas”; no importa la desviación o delito cometido; convirtiéndose este respaldo en un derecho.
6. Soberbia.
Altivez, altanería, sentimiento de superioridad frente a otros; provocando un trato distante o despreciativo. La ira o explosión del soberbio ocurre cuando le contraen sus ideas, órdenes o instrucciones.
7. Exclusión.
Los que no se sometan a los dictamines de la autoridad, las medidas que suelen tomarse van desde la suspensión o exclusión de participación hasta la expulsión definitiva.
¡Manos al cambio, Compatriotas! Llegó la hora de la reivindicación de  nuestra dignidad humana.
Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
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