martes, 22 de agosto de 2017

¿Fuerza o Violencia?

    

En estos tiempos de confusión “país”, la apuesta a la salida de la crisis no debe ser otra que la de orientar los esfuerzos a la construcción de un diálogo fecundo, con orden, valores, disciplina, trabajo, respeto a las libertades y al derecho ajeno y humano. No hay otra forma civilizada para alcanzarla y garantizar la paz.

En la Venezuela de hoy, hemos visto como un fenómeno asocial e inhumano como la violencia, viene progresivamente formando parte de la Siquis del venezolano. Las muertes por violencia en Venezuela no son simples estadísticas, la cifra ha oscilado entre 11 mil y casi 25 mil venezolanos muertos por año. 79 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Para abordar el tema, debo precisar y diferenciar conceptualmente la violencia de la fuerza. La fuerza  se entiende como el conjunto  de medios y procedimientos: físicos, sicológicos, económicos, etc., de lo que se vale el derecho para obligar coactivamente al cumplimiento de la norma. En cambio, la violencia supone el uso ilegítimo de la fuerza; o sea el uso indiscriminado de la fuerza; sin respeto alguno por los principios éticos y humanos.

Los propagadores y ejecutores de la violencia suelen divinizarla y hasta, le rinden un culto  cuasi religioso. Los violentos de la política parten de la premisa que para hacer justicia, se requiere de la violencia; ignorando que su práctica lo que genera es  más terror e injusticia.

 No cabe duda, un fenómeno social complejo con causas y efectos  múltiples y distintos. La sociedad venezolana debe hacer un alto en el análisis de lo cotidiano, para evaluar y valorar los factores que por “x” o “y” razones están haciendo de los venezolanos más violentos como nunca. Hagamos un ejercicio autocritico, dando respuestas, entre otras, a estas incógnitas:

El económico y social: ¿Se han dado respuestas serias y viables para atacar las desigualdades sociales? ¿Se han corregido los desequilibrios  de las variables económicas?

En lo político: ¿Ha existido voluntad para garantizar la autonomía e independencia de los poderes públicos en democracia? ¿Ha existido voluntad para erradicar la personalización, la partidización e ideologización de la gestión pública? ¿Ha existido voluntad para la planificación de un desarrollo nacional, regional y municipal a corto, a mediano y a largo plazo,  donde el Estado no mantenga a los ciudadanos sino la existencia de un Estado fuerte mantenido por los ciudadanos? ¿Ha existido voluntad para erradicar todo vestigio de autoritarismo, vicios y corruptelas?

En lo Ético: ¿Hay voluntad política para hacer de la ética un principio de gestión pública generalizada? ¿Hay voluntad política para encarar y sancionar la corrupción, el tráfico de drogas, el aumento de la criminalidad, y la liberación de pulsiones primaras los que, a su vez, se convierten en agentes de contaminación?

La lucha contra la violencia no es sólo, un hecho jurídico sino también político, económico, social, cultural y ético. Esa tarea es de todos. Supone claro, un acción individual y colectiva, de Estado, sin duda, un nuevo orden nacional que privilegie el bien común, inspirado en la justicia y el desarrollo humano.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1412).
Los Miércoles de 7 a 8 pm, pueden oírnos y vernos en “3 Visiones, 1 Objetivo País”  por News105.3fm (www.news1053fm.com) 

martes, 15 de agosto de 2017

…Y el atraso social ¿Qué?

  

En este país lo único que se habla y debate es de política y de poder. Por un lado quienes aspiran a ser gobiernos como los que gobiernan. Los tiempos dedicados por estos últimos al proselitismo político electoral superan lo normal como responsabilidad de estado. Las cadenas de radio y televisión no solo son demasiadas largas en tiempo sino en frecuencia; incluyendo algunos actos y eventos que no se justifican porque nada tienen que ver con la gobernabilidad. Lo más grave, con presencia masiva de autoridades del alto gobierno, quienes deberían estar en sus despachos particulares resolviendo y tomando las decisiones correctas y eficientes de gestión pública diaria.

Entretanto, las variables macro y micro de la economía están sin control, provocando un atraso como país en niveles socioeconómicos y  culturales sumamente preocupantes. Los índices de: desempleo, inflación, bajo poder adquisitivo, miseria y  pobreza, alientan desigualdades abismales entre los ciudadanos.

La economía mantiene una alta dependencia de la importación de bienes, productos y servicios (92%). La merma de producción petrolera sigue cayendo de tal manera que ya no generan los ingresos suficientes para cubrir la demanda doméstica. No es casual que llevamos varios años de decrecimiento del producto interno bruto (-PIB7%), reflejando la escasa inversión y trabajo productivo.

Por otro parte, no se termina de entender y comprender la necesidad de aumento del presupuesto en educación, en ciencia y tecnología; materias primordiales para la transformación y desarrollo de cualquier nación en el mundo de hoy. Tampoco se termina de entender y comprender qué el plan de desarrollo de la nación se debe centrar en los ciudadanos, considerando el trabajo como el motor básico para crear riquezas materiales y humanas.

Por los caminos ordinarios de cómo vamos ¡Venezuela! no se sale del subdesarrollo “petrolero”. Hace falta imaginación creadora de todos. Si continuamos exportando materias primas, como ha sido hasta ahora, seguiremos siendo un país condicionado y limitado de bienestar por los precios de ellas.

Hay que quitarnos ese paradigma fracasado de que otros países no nos dejan crecer y progresar. A pesar que adentro nos ufanamos de ser soberanos e liberados de hacer lo que nos viene en gana.

Las naciones desarrolladas alcanzaron su riqueza porque se lanzaron  al riesgo y al desafío del comercio exterior. Sus pueblos comprendieron lo que esto significaba. Porque supieron soportar el hambre y el sacrificio para proyectar un país hacia afuera. Porque se convencieron que la única batalla era la de la eficiencia. Frente a unos mercados internacionales no inspirados en términos de justicia sino en la libre competencia, en la ley del más fuerte.

No se trata simplemente vender. Es vender y comprar con inteligencia y oportunidad. Protegiendo aquellos rubros que nos interesa potenciar su desarrollo. Ya basta de politiquería, lo primero que hay que hacer es  enseriarnos  como sociedad, dejar de estar jugando al niño travieso, malcriado y mala conducta. Nadie es infalible, todos cometemos errores, gobernantes y gobernados, Lo inaceptable y censurable es que no estemos dispuestos a reconocernos mutuamente con respeto, dignidad e inteligencia. ¿Hasta cuándo?

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1411).
Los Miércoles de 7 a 8 pm, pueden oírnos y vernos en “3 Visiones, 1 Objetivo País”  por News105.3fm (www.news1053fm.com)

sábado, 5 de agosto de 2017

Tú eres el problema ¡VENEZUELA!...

    

Que mal estás ¡PATRIA! Pareciera no darte cuente del engaño, la manipulación y confusión en que te encuentras reducida. Incomprensible, te hayas separado del camino por donde transitabas lenta pero hacia adelante; claro, con  problemas y falencias normales de la sociabilidad; pero nunca de la magnitud y gravedad de los de hoy.  
Has cometido demasiadas equivocaciones y desaciertos en los últimos tiempos que preocupa en demasía al colectivo.  No te das cuenta del caos casero que vienes propagando, consciente o inconscientemente. La resistencia a no  reconocerlo ni aceptarlo. La soberbia del fanatismo no te deja hacerlo. Por eso te niegas a oír consejos y a recibir ayudas para la superación y salida del precipicio que tú misma construiste.
Ya no puedes ocultar la palidez, la inseguridad, la violencia, la confrontación, los delitos perpetrados, secuela de tu mal proceder y comportamiento. Una conducta caracterizada por la desmotivación y desinterés al logro productivo y decente. Por la manera irresponsable en el manejo y la disposición de los inmensos recursos de cuna heredado de la providencia. Por el alejamiento de las normas, de los valores y de los principios que en una oportunidad creaste y creíste. Por la no rendición de cuentas. De veras ¡VENEZUELA! estás irreconocible, complicada y arrogante como nunca. Qué te pasó?
No cabe duda, te sale una revisión profunda y sincera para encontrar y examinar las causas de ese procedimiento radical, divisionista, inseguro e improductivo. No puedes seguir empecinada en la cultura de la excusa y búsqueda de culpables para justificar fracasos, vicios y  violaciones.
Un 5 de julio de 1811 lograste la emancipación como adulta y soberana del forjamiento de tus propios destinos y el de la familia. No tienes excusas después de más de 200 años, para mostrarte ahora con ese cambio de personalidad, nada amigable, familiar y conciliador.
¡VENEZUELA! La rectificación es de sabio, tus hijas e hijos, con tu apellido bolivariano, piden a gritos pero de corazón que lo hagas por el bien común. No puedes abandonarlos y darles la espalda cuando más te necesitan.
Sigues contando, afortunadamente, con una inmensa y variada riqueza natural y humana para producir el cambio en ti. Un cambio en positivo, con trabajo, sacrificios, esfuerzos y conciencia plena  de una cultura distinta, la de la colaboración, la del trabajo en equipo, la del logro individual y colectivo, la del respeto a las normas de convivencia y los derechos humanos, la de la disciplina, la de la puntualidad, la de la ética como principio de gestión y de vida, la de la superación de todos por igual. De eso se trata el desafío de hoy y de mañana, de competencias, de anticipación a las amenazas y el aprovechamiento inteligente de las oportunidades; consolidando las fortalezas y superando las debilidades. No la de crear excusas y buscar “chivos expiatorios”, con ánimo de castigo, sino de mejora continua.
En resumen, una cultura de vida país no de muerte país. Donde impere la ley, el respeto, la justicia, la paz, la seguridad, el sosiego, el progreso y el desarrollo humano integral.  ¡VENEZUELA! Cambia, ámate, valórate. No esperes más tiempo para hacerlo. Es el momento.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com (edición 1410).
Martes y jueves de 8 a 9 pm, pueden oírnos y vernos en “3 Visiones, 1 Objetivo País”  por News105.3fm (www.news1053fm.com)

martes, 25 de julio de 2017

¿Pueblo soberano?

  

En las constituciones “democráticas”, se establece expresamente que la soberanía del ejercicio del poder reside en el pueblo; reconociéndole claramente el derecho a elegir y controlar a sus gobernantes. Un poder originario que después se delega en el político para  que los represente en la gobernabilidad local, regional y nacional.
 En 1863, Abraham Lincoln definió la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Entendiéndola como una la lucha por la igualdad de todos los hombres ante la ley, sin discriminación de ningún tipo. Por otro lado, Benito Juárez afirmaba “El respeto al derecho ajeno, es la paz”. Dos interpretaciones del significado del sistema de libertades muy diáfanas que resumen lo sustantivo y la razón de ser de la democracia.
Vamos a estar claro, el  pueblo ni legisla ni gobierna. Eso sí, por él hablan otros y muchos, a veces interpretando sus pensamientos, sus necesidades, sus valores, sus aspiraciones, a sus conveniencias.  
Nuestra constitución la redactaron  “supuestamente” expertos, capacitados y conocedores de los temas objeto del plan de desarrollo de la nación en condiciones de igualdad y trato de los ciudadanos ante las normas o leyes. Otorgando a la sociedad venezolana la soberana decisión de participación y decisión en la elaboración y ejecución de políticas públicas eficientes y transparentes; dirimiendo los conflictos  de manera pacífica. El problema sobreviene cuando políticos y/o gobiernos la interpretan a su manera e intereses en nombre del pueblo. Con complicidad de grupos de la población.
En 1961  se aprobó en Venezuela la primera constitución, la del 61. 38 años después, llegaron al poder unos nuevos “mesías” declarándola desde el primer día “moribunda” por considerarla responsable de todos los males de la democracia. Quienes, sin dilación, convocaron en 1999 una Asamblea Constituyente para subsanarlos y garantizar a todos los venezolanos la mayor suma de felicidad social posible.
Con 18 años de gobierno en Miraflores, resulta ahora que la “mejor constitución del mundo” tampoco sirve; razón por la cual, vuelven de nuevo, los mismos, a convocar otro proceso constituyente para este 30 de julio, con la finalidad de abortar otra carta magna para dar respuestas tanto a los viejos problemas de la “cuarta” como los nuevos de la “quinta”. Cómo si se tratara de un juego de cartas o de ajedrez para aniquilar o anular constituciones cuando ya no les útil para los intereses de la gobernabilidad.
El derecho no es más que la forma de impedir los conflictos o de resolverlos de la mejor manera posible; no la manifestación de la voluntad de entes invisibles, sean los que sean. Tengamos cuidado ¡pueblo! con esos grupos políticos y gobiernos que desatienden los mecanismos institucionales de tu representación para priorizar sus propios intereses frente al resto total de la población. En democracia, el imperio no es el gobierno, sino la ley.

@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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viernes, 14 de julio de 2017

Gerencia pública y Gerencia privada, derivan de un mismo tronco…

   

El país continúa sometido a una suerte de limbo, confundido entre el subdesarrollo y el desarrollo. Pensábamos que el nuevo milenio nos iba a hacer entender como sociedad de la necesidad del éxito. Modernizando el poder ejecutivo, el legislativo, el judicial; avanzando en la descentralización política administrativa del Estado central, en especial, la potenciación del municipio como ente primario social de la democracia; todo ello, para asegurar la calidad de nuestras vidas como ciudadanos libres, pensantes, productivos, creativos y humanos.
Sigue en mora la consolidación de una sociedad inter activa de productores  y emprendedores públicos y privados, convertidos en actores aliados de cambios transformadores de bien individual y bien colectivo.
No hay razón alguna para que el sector público no preste sus servicios con la misma calidad a la ciudadanía como lo asume el privado. Las competencias de un gerente público son similares a las de un gerente privado. Ambos utilizan y practican las mismas herramientas y principios de las ciencias administrativas; sus administraciones requieren de planes y resultados similares.
El problema se complica cuando las instituciones públicas son muy débiles, por no ser autónomas e independientes; los equipos que las gobiernan no tienen visión estratégica, capacidad gerencial, habilidades emocionales (capacidad para desarrollar un liderazgo proactivo, negociaciones difíciles, de trabajo bajo intensa presión y de toma de decisiones compatible con los retos del cargo), habilidades de relación con el entorno, conocimientos técnicos, compromisos con los resultados, la ética como principio de gestión.
Como trilogía societaria funcional se requiere, por igual, de la organización y disciplina de ciudadanos en todos los ámbitos, político, económico, social y productivo. La sociedad civil no puede dejar al Estado todo el peso de las responsabilidades en cuanto al desafío de dar prosperidad, seguridad y bienestar social. El desarrollo nacional es un compromiso compartido de todos.
La lucha de las desigualdades sociales, su éxito dependerá en buena medida de que haya un mayor acercamiento efectivo entre el sector público y el sector privado. Esto pasa por diversos compromisos: luchar por mejorar la producción, las remuneraciones y condiciones de trabajo; el despeje de las trabas burocráticas, rigideces y excesos legales que no facilitan los procesos; el aceleramiento y amplitud de un sistema de gerencia profesionalizada en la administración pública.
Finalmente, por una ciudadanía activa empoderada para elegir, siempre, el mejor de los mejores para la gobernabilidad nacional, regional y municipal.
Artículo 141 de la Constitución Nacional “La Administración Pública está al servicio de los ciudadanos y ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidades en el ejercicio de la función pública, con sometimiento pleno a la ley y al derecho”

(Edición 1408). @renenunez51 elportachueloderene.blogspot.com
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miércoles, 28 de junio de 2017

La democracia, un estilo de vida compartida

  

“Las democracias son capaces de sobrevivir solo cuando sean entendidas por sus ciudadanos”, decía Giovanni Sartori. Una sensata reflexión para darnos cuenta de lo que, a veces, perdemos como sociedad por no valorar ni distinguir lo bueno y lo malo. Ellas son perfectibles, nunca dejarán de demandar de sus ciudadanos sacrificios, comprensión para los acuerdos y ajustes a todo nivel.
En unas más que otras, suelen darse luchas encontradas entre el bien y el mal. Entre el más fuerte y el más débil. Produciendo deterioro de la poca o mucha calidad de vida social que pudiera tener en un momento determinado sus pueblos.
Cuando el mal es más fuerte que el bien. El bueno tiende a desgastarse y tener los mayores sacrificios en el intento de hacer pacífico al malo, mientras este último en su defensa propia, hace todo lo contrario, obliga al pacífico a entrar en el juego de la violencia, su instrumento de lucha.
Igual ocurre con cierta dirigencia, preocupada y ocupada fundamentalmente de cambiar a los actores del poder por otros. Sin embargo, sus mentes, sus hábitos de conducta no cambian. Una cultura no transformadora de los recursos que dispone en progreso y desarrollo humano sostenible y sustentable. Incluyente.
La democracia exige no sólo unas condiciones determinantes, que sólo se logran con el esfuerzo del conocimiento y de la técnica, sino además una armonización entre lo individual y lo social que sólo se consigue con capacitación y valores. En otras palabras, requiere de la emancipación del esfuerzo individual y colectivo de todos los  ciudadanos, en el combate contra las desigualdades y anomalías características del poder, en lugar del culto al poder.
Ningún resultado es bueno si no ennoblece la vida humana de prosperidad, seguridad y bienestar. Misión de todo estado que se precie de democrático y social.  La bondad de las acciones de los que lo dirigen no se ruega. Se ejercita y materializa con resultados justos y dignos.
El sistema de libertades funciona para bien, cuando se articulan: la institución pública (con autonomía, independencia y transparencia), el equipo de gobierno (capacitado y preparado para hacer las cosas de bien común con eficacia y decencia) y la sociedad civil (activada y empoderada de los espacios y derechos de libertades, de información, de expresión, de asociación y de participación).

(Edición 1407). @renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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jueves, 25 de mayo de 2017

Todo pasa por el cambio de una cultura improductiva, asistencialista y viciada



Nunca ha sido fácil en las sociedades, el  cambio de comportamientos de los ciudadanos. Las creencias, los valores, los hábitos o costumbres mientras más arraigados e internalizados están en las personas más cuesta arriba para aceptarlo. Una resistencia mayoritaria siempre ha estado presente en la defensa de dejar el orden de las cosas como están. Sin embargo, grupos minoritarios, siempre han venido pugnando para hacerlo realidad,  convencidos de que con una  cultura nueva van a beneficiarse más y mejor todos.
Los cambios que se han estado pidiendo en nuestro país desde hace mucho tiempo, se han centrado fundamentalmente en lo político. Los logrados -vía electoral- no han tenido los resultados esperados, a pesar de las variadas e inmensas riquezas naturales y humanas con las cuales se han contado. Por el contrario, los desaciertos, los vicios y los problemas en general, en vez de reducirse, se multiplicaron. No se termina de entender como sociedad que  lo primero es el engendro y la profundización del cambio cultural. Ciudadanos renovados.
Comencemos, entonces, una vez por todas, a valorar la educación, como prioridad número uno,  algo demasiado importante para dejarlo en manos solo del Estado; hasta Suecia, una nación socialista-capitalista ha reconocido la influencia de la educación privada en todos los niveles. Una educación que debe empezar en el hogar con unos padres responsables, modeladores de conducta en la cría de sus hijos. Se hace impostergable volver a la enseñanza de la educación “moral y cívica”.
Comencemos a respetar al prójimo. Al derecho ajeno. Venezuela sigue siendo un país de leyes, pero donde gobernantes y gobernados no las respetan. Reverenciemos la libertad del otro (tránsito, basura, ruidos molestos, comportamiento urbano, derechos humanos, etc.)
Comencemos a valorar el trabajo como el motor del desarrollo para la creación de riquezas materiales y humanas, con trabajos decentes y garantías de protección social integral. Incrementemos la cultura del trabajo y del esfuerzo.
Comencemos a reducir el estado asistencialista. Los subsidios de la economía y los sociales deben acabarse; excepto los necesarios para sacar de extrema pobreza a aquellos que por ignorancia o exclusión del sistema político no han podido superarla. Es fundamental trabajar en su reinserción social con educación,  capacitación laboral, y micro emprendimientos. Vayamos a un Estado mantenido por los ciudadanos y no un Estado mantenedor de ciudadanos como el que hemos tenido hasta ahora en democracia y del cual no se quieren liberar.
Comencemos en lo político, formando pensadores críticos desde las aulas, para elegir con criterio y votar al mejor capacitado y honesto, no al menos malo. Separando los intereses personales, partidistas e ideológicos de la gobernabilidad pública. Construyendo poderes públicos autónomos e independientes sólidos.
Comencemos a aplicar las leyes con criterio de justicia. Para penar sin contemplación alguna la corrupción, los delitos, los vicios y los crímenes  sin importar donde se cometan y quien los cometan.
Comencemos finalmente a respetar las reglas de juego o de convivencia social que nos establece la Constitución Nacional y no estar burlándose de ella a cada rato o cambiarla por conveniencia de gobiernos de turno. La constitución no es el problema, el dilema es que no la obedecen ni han estado interesados en cumplirla.
La sociedad está sumida en un caos institucional, político, económico y social, como secuela de una cultura que se ha enseñado, practicado y preservado a todo nivel. (Edición 1406).
@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
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CONCIENCIA HUMANA DE PAÌS



Se percibe un desamor por Venezuela.  Por lo nuestro, no debiera haber diferencias algunas con relación al objetivo común del progreso y desarrollo humano de todos los venezolanos sin distingo alguno.
Se oye con frecuencia en esto del debate nacional electoral, casi permanente, la afirmación de que se lucha y trabaja por el país; pero cuando se analiza y revisa comportamientos y acciones de la mayoría de los actores protagonistas, la proliferada y conjurada unidad nacional, para  hacernos mejores ciudadanos y sociedad brilla por su ausencia.
Cuando de lo que se trata es de reconocer lo que nos une, por un lado, e identificar las diferencias que nos separa, por el otro. Con la finalidad de procurar consensos necesarios a favor del éxito del plan de desarrollo de la nación.
En las sociedades desarrolladas, los símbolos, los valores, la constitución nunca está en discusión  en el debate político; por el contrario, para ellas, representan su mayor fortaleza de identidad y pertenencia nacional. Las distas se manifiestan en los enfoques y las visiones que puedan tener grupos disimiles en cuanto al ofrecimiento de una mayor  sostenibilidad de prosperidad, seguridad y justicia social. El plan maestro de desarrollo nacional no se ve afectado por la propuesta electoral ni por un cambio de gobierno.
La realidad venezolana  es diferente. No hay continuidad administrativa, cada gobierno nuevo al alcanzar el poder implanta uno distinto. Confundiéndose por lo general los intereses partidistas con los de la república.  Estas, entre otras, son las razones que pudieran explicar el por qué estamos cómo estamos: desunidos, divididos y empobrecidos de logros colectivos.
Hay una tendencia política a gobernar el presente, invocando el pasado histórico de nuestros próceres, subestimando que el futuro requiere de un presente de ejecutorias de sabidurías actualizadas, innovadoras, creativas y retadoras. Traer el pasado al presente, solo se justifica para construir, transformar y evolucionar.
Los venezolanos  no se sienten incluidos en el futuro país, sobre el cual pesan dudas y deudas onerosas. Qué nos obliga a todos a solventarlas  sin rémoras ni excusas mediante un diálogo nacional sincero, civilizado, responsable e incluyente. Dando respuestas a  ¿Qué somos? ¿Qué queremos? ¿Qué necesitamos?  Para ser mejores venezolanos y vivir en una Venezuela de prosperidad y bienestar en general.
Ello requiere de un cambio de mentalidad y de cultura que ha de comenzar desde adentro de cada uno de nosotros,  ejerciendo un ejemplar y correcto rol como padre de familia. Como dirigente. Como  educador. Como empresario. Como comerciante. Como estudiante. Como trabajador. Como funcionario público. Como religioso.  Estar informado, asumir y ocupar los espacios que la constitución y las leyes garantizan, compartir el conocimiento, y anteponer la ética como principio de vida, complementa el compromiso societario.
Finalmente, todos los venezolanos, sin excepción,  estamos obligados a velar por el bien público. Criticar las arbitrariedades, donde se produzcan, en la búsqueda de primar el bien común sobre lo particular. Sin abandonar la solidaridad y la lucha moral por el bienestar de los más débiles. (Edición 1405).
@renenunez51   elportachueloderene.blogspot.com
Pueden oírnos y vernos por News1053fm.com en “3 Visiones, 1 Objetivo País”, martes y jueves, 8 a 9 pm.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Dos países en uno


                                     

Se observan dos países dentro de uno, ambos negados a reconocerse y a unir esfuerzos en la procura de soluciones a la crisis estructural y multifactorial que padecemos los ciudadanos de esta nación; cuyos principales responsables, no cabe duda, son  los que vienen dirigiendo nuestros destinos desde hace 17 años.
Uno, el mayoritario, el más afectado, conformado por casi la totalidad de la población, el que a diario hace milagros para sobrevivir a las miserables condiciones  de desabastecimiento de alimentos y medicinas a los cuales los han conminado los supuestos luchadores, protectores y defensores del pueblo. Una tragedia familiar sentida por sus integrantes, desde que se levantan hasta que se acuestan. Todos los días salen a buscar  los alimentos básicos necesarios para cubrir las vitaminas y las calorías que  demandan sus sistemas orgánicos; las medicinas de control de sus enfermedades; corriendo el riesgo de que no sean atracados o abusados por los malandrines de la calle que operan y actúan a sus libres albedríos. Unos venezolanos angustiados e impotentes que sienten como la esperanza de sus vidas se reducen exponencialmente ante la ignominia y sordera de unos poderes públicos sumisos e irresponsables.
El otro, el país pequeñito, representando por los que gobiernan y por los que aspiran a serlo, concentrados en una lucha donde el debate se reduce fundamentalmente al poder y al relevo de gobiernos.
Entretanto, casi 30 millones de venezolanos se impacientan porque los acuerdos no se materializan en la solución de la conflictividad de poderes menos en la estrategia cómo van a atacar los desequilibrios económicos y sociales causantes de la desnutrición, hambruna y pérdidas humanas.
No nos oponemos a la necesidad estratégica de exigencia de cambio de gobierno y del modelo centralista y autoritario; lo inaceptable e inhumano es tratar de hacer prevalecer lo político sobre lo económico en las condiciones en que se encuentran las comunidades.
Sí bien lo político es parte de la solución de la crisis país, no es menos importante resolver lo económico como prioridad, al cual hay que atender con carácter de emergencia, antes que la crisis los desborde y superen en la conducción y control de la misma.  Las encuestas vienen reflejando lo que ellos no quieren reconocer y valorar, y es que la inmensa mayoría  de nacionales se están desencantados progresivamente de los partidos, de los dirigentes y, lo más grave, de las instituciones.
No se trata de un  juego de apuestas a vencedores o perdedores. De lo que se trata es de la defensa y protección  de los sagrados derechos a la  vida, a la nutrición y alimentación, a la seguridad de las familias sin distingo o preferencia alguna.
 “Qué tu alimento sea la medicina y que tu medicina sea tu alimento” Hipócrates.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 13 de noviembre de 2016

Comenzar, hacer, observar y pensar por Venezuela


                                     

Las relaciones humanas siempre han sido difíciles y complejas. Lo fue en el  pasado, lo es en el presente y lo será siempre en el futuro. Somos una raza imperfecta, cada ser humano tiene un ADN distinto. La complicación se agrava cuando la política, los gobiernos, los líderes y los intereses de la sociedad, entran en contradicciones y desencuentros para ponerse de acuerdo en propósitos comunes para garantizar la convivencia social en igualdad de trato, condiciones y oportunidades. La secuela son los conflictos.
Desde que el mundo tiene razón y conciencia, las lidias por lo general se han resuelto pacíficamente con diálogo, prevaleciendo la paz; en cambio, cuando se ha tomado la vía apocalíptica: la violencia, los daños humanos han sido incuantificables; sus responsables después recurren al coloquio que se negaron al principio.
Al diálogo fecundo es el que hemos estado invocando desde inicio del año para favorecer la resolución del  grave y mayúsculo conflicto-país que padecemos como resultado de unas políticas públicas ineficientes, excluyentes, pocas transparentes ante la mirada complaciente e encubridora de unos poderes públicos, no autónomos e independientes.
Ante ese vacío institucional, el autoritarismo descolló, haciéndose del control total del Estado, dejando indefensos y desprotegidos la ciudadanía en general; a quienes la constitución, las leyes, los gobiernos y los dirigentes se deben.
Afortunadamente, el sábado pasado por fin salió  “humo blanco”  de la II reunión plenaria del diálogo nacional con representantes del gobierno de turno y de la MUD,  al anunciarse la hoja de ruta que permitirá normalizar la relación constitucional entre los poderes, el respeto recíproco entre los mismos y la exploración en el marco legal, constitucional y de respeto a la soberanía nacional que contribuyan a la mejora de las condiciones de abastecimiento de la población. Acordaron otros temas, no menos importantes.
El que se haya iniciado el diálogo entre las partes no significa que el conflicto vaya a resolverse; sin embargo, que se haya dado el intercambio de opiniones y puntos de vistas con clara intención de lograr acuerdos, es un paso positivo y pro activo para alcanzarlos. Les toca ahora a los representantes de ambas partes, poner en ejercicio sus capacidades y habilidades estratégicas para seguir avanzando y desenredando un conflicto, donde hasta ahora el gobierno tenía absolutamente todo bajo control.  
Si la MUD como  el gobierno, obran con sinceridad y responsabilidad, anteponiendo los sagrados intereses de la nación por encima de sus intereses particulares, grupales y partidistas, existirán razones para creer y esperar buenos resultados; para ello, estos  actores no deben dejar que las posturas radicales de sus bandos se interpongan en este proceso de entendimiento nacional. Aquí la única apuesta a ganador, en esta primera etapa, es la solución de los problemas de abastecimiento de alimentos y medicinas, la inflación, el bajo poder adquisitivo, el trabajo decente, la seguridad, las libertades y bienestar social de todos los venezolanos.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 6 de noviembre de 2016

“AQUÍ Y AHORA”


                                     
                                    

Cuando se publique esta columna de los miércoles, habremos ya bautizado este libro de Eduardo Fernández en Ciudad Guayana. Me tocó presentarlo a la comunidad guayacitana, una distinción que valoro mucho por el afecto, admiración y reconocimiento intelectual, político, ciudadano y padre de familia,  que le profeso a su autor; uno de esos venezolanos valiosos, incomprendido por las mayorías nacionales pero como pocos, en esto de la política, uno de los de mayor coherencia en cuanto a pensamientos, acciones, decencia pública y privada.
Un documento histórico, político-humano-social, que recoge la  autenticidad  de una nación que  “dejó de hacer” “dejó pasar” decisiones fundamentales que pudieron haber anticipado las amenazas, los riesgos y las secuelas de las que hoy sufren los venezolanos.  No nos sorprende para nada el secuestro de las instituciones, de la constitución y del ejercicio democrático. Era predecible.
Igualmente, se desaprovecharon  de manera irresponsable las oportunidades económicas con un precio $100/barril de petróleo, cuyos ingresos eran suficientes para haber adelantado con patriotismo e inteligencia la transformación de los recursos materiales y humanos en progreso y desarrollo humano. En calidad de vida integral.
Con “Aquí y ahora”, Eduardo nos vuelve a advertir del peligro presente y  futuro país, los cuales obligan  a todos los sectores y actores del sistema de libertades a ponerse de acuerdo.
“El Tigre”, como siempre,  insiste en la Educación como prioridad nacional. No hay otra, para resolver la crisis estructural. “Si ganamos la batalla de la educación  tendremos futuro, de lo contrario, seremos un país tercermundista, irremediablemente”. “El futuro está en la materia gris no en las materias primas”. Le agregaría, “ni en colores e ideologías”.
No cabe duda que la crisis moral se debe a que el estado y la dirigencia no  terminan de entender que la Educación es la prioridad número uno en el plan de desarrollo de la nación, hoy desdibujado y desalineado del espíritu constitucional y democrático.
Comparto con Eduardo, las razones de sobra que tenemos para protestar y exigir cambio de gobierno y modelo político, económico social, pero, ello no nos impide con la misma fuerza ética para reclamar una mejor oposición, convertida en alternativa democrática sobra la base de una unidad y un consenso nacional alrededor de los graves problemas básicos de la sociedad venezolana, como lo son, entre otros: la inflación, el desabastecimiento,  el alto costo de la vida, la recesión económica, la inseguridad.
No se trata de un sueño sino de una agenda política realista que nos una y no nos separe, orientada al fortalecimiento de la democracia, a la separación de poderes, a la reactivación del aparato económico, a la atención prioritaria de los grupos sociales más vulnerables; a la lucha integral contra la inseguridad, al combate y derrota de la ignominia de la corrupción con valores morales y éticos como cultura de vida.
Son, entre otros, temas que el libro nos plantea como reflexión autocrítica país, donde los resultados hasta ahora alcanzados dejan mucho que desear al compararlo con los de otros pueblos del mundo en materia de prosperidad, seguridad y bienestar social.
La infortunada política de estos últimos 17 años de gobierno en Venezuela, ha sido otro ejemplo demostrativo del fraude y engaño del socialismo autoritario, el cual bajo la excusa de garantizar la distribución equitativa de la riqueza y de las oportunidades, terminan controlando  la economía y la ciudadanía, negando sus libertades, irrespetando el derecho ajeno. Creando más pobreza y desigualdades sociales.
“La política es diálogo. En donde no hay diálogo, no hay política. La alternativa al diálogo y a la política es la violencia y la guerra. Cuando fracasa la política, irrumpen la violencia y la guerra”. Eduardo Fernández.
. Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 23 de octubre de 2016

La confrontación nos empobrece más…


                                    

Escribo esta columna, edición 1.400, apenas saliendo del programa de radio Onda Global que todos los domingos de 8 a 9 de la mañana por Onda 97.3FM, Guillermo Mosquera y este servidor producimos y moderamos. El entrevistado de la semana, un venezolano muy especial y a quién  le profesamos mucho respeto y admiración por su perseverancia, constancia y convicciones democráticas,  no solo en el pensamiento sino en el accionar. Me refiero al Dr. Eduardo Fernández, presidente del Centro Internacional de Políticas Públicas, IFEDEC, una institución de casi de la misma edad de nuestra hoy frágil y precaria democracia.
Lo invitamos, a propósito de su nuevo libro “Aquí y Ahora”, publicado por la Fundación Alberto Adriani e IFEDEC, que estaremos bautizando acá en Puerto Ordaz, el 8 de noviembre, a las 5 pm, en la sede de Fedecámaras Bolívar y la Cámara de la Construcción.
Le recordamos al Dr. Fernández, aquel 4 de febrero de 1992 cuando en pleno proceso de la asonada militar de Chávez, irrumpiendo el orden constitucional, tuvo el arrojo de acercarse a un canal de televisión corriendo todo los riesgos que ello implicaba, para dirigirse al pueblo venezolano y manifestar su absoluto rechazo al golpe en desarrollo; además para exhortar a las fuerzas armadas nacionales a salir en defensa de la institucionalidad democrática. Igualmente nos advertía, de las consecuencias nefastas y del atraso social que padecería el pueblo venezolano si la sublevación castrense hubiera tenido éxito, que al final no lo tuvo.
Un caraqueño que supo asumir sin miedo, el rol de lo que un líder democrático auténtico le corresponde en una situación tan delicada como esa. Lo hizo con total desprendimiento de sus intereses partidistas y personales, para ponerse de lado -como debe ser- de los intereses de  la democracia, de la constitución y los de la nación.  Una conducta política incomprendida por la sociedad democrática, hasta el sol de hoy. Quién sí se aprovechó de la situación fue el Dr. Rafael Caldera, días después, cuando pronunció ante el congreso nacional aquel discurso difuso, populoso, regocijándose de alguna manera con las razones que habrían llevado a los golpistas fallidos a irrumpir la constitución del 61; discurso que lo llevó de nuevo a la presidencia de la república. Años después, los implicados en la insurrección militar fueron indultados por el Dr. Caldera. Por eso, en 1998, Chávez con apoyo e influencia de algunos medios de comunicación social y poderosos sectores económicos  llega  a Miraflores. Las mayorías nacionales votaron por él.
Esa es la historia, la verdad, que no se puede olvidar; sí queremos reconocer y entender parte de la génesis del  ¿por qué? estamos como estamos.
Con el  “Aquí y Ahora”, su autor nos vuelve advertir no solo la gravedad y la dimensión de la crisis institucional, política, económica y social que padecemos sin también nos ofrece soluciones a través del diálogo y no el camino de la confrontación permanente que a nadie beneficia, como la vía obligada para el entendimiento nacional. Estamos mal, iremos peor y a Venezuela entera le irá igual, si no nos ponemos de acuerdo.
Compartimos en sus reflexiones, que la elección de un nuevo gobierno y el cambio de modelo es un paso ineludible e impostergable en el tránsito de la recuperación del país; sin embargo, no es menos importante, la necesidad de construir espacios para el consenso nacional en el tema de la gobernabilidad y en el proyecto país de largo plazo, distinto al de hoy: sin controles de precios, sin controles de divisas, apoyando y facilitando a los sectores productivos a invertir y crear empleos directos e indirectos, donde la educación, la salud, el cobro de impuestos, la seguridad, el respeto, la separación de poderes, sean, entre otras acciones pro activas y constructivas, las tareas máximas y prioritarias del Estado y gobiernos. Las consecuencias económicas y sociales serán más severas; si se sigue concentrando todos los esfuerzos en lo político e ideológico.
Presidente Ifedec, capítulo Estado Bolívar
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domingo, 16 de octubre de 2016

¿ESTADO DEMOCRÁTICO?


                                     

Con la ida del dictador Marcos Pérez Jiménez, 23 de enero 1958, la junta de gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal convocó a finales de ese mismo año, las primeras elecciones libres en el país. El 31 de octubre de 1958,  dirigentes de los partidos que estaban en el exilio, firmaron el "Pacto de Punto Fijo" con el objetivo de afianzar el incipiente sistema democrático, fijando las reglas de convivencia entre partidos.  Rómulo Betancourt, resultó ser el primer presidente democrático, derrotando a Larrazábal (URD) y Caldera (Copei). Un periodo complicado para Betancourt, ya que hubo varios alzamientos militares (“Carupanazo” “Porteñazo”) y hasta un atentado contra su vida. Aparecieron movimientos guerrilleros, apoyados por Fidel Castro,  los cuales no tuvieron éxitos. La política de pacificación iniciada por Leoni y materializada por Caldera, disuadió a sus cabecillas a seguir adelante. Una historia que vale la pena recordar y tomar en cuenta, en los tiempos de la Venezuela de hoy en crisis, donde prevalecen antagonismos y una polarización extrema.
En esa misma dirección, de refrescamiento de la memoria descriptiva país, vale la pena tener presente que la democracia se caracteriza por intervención de los ciudadanos en la escogencia y el ejercicio del gobierno político del Estado.  El gobierno de las mayorías, “el gobierno del pueblo y para el pueblo”, surge producto  del sufragio y control sobre la toma de decisiones de sus representantes elegidos.
El Estado democrático descansa en los poderes públicos constituidos, sus rectores se obligan ante la constitución y los ciudadanos que los eligieron, a respetar el principio de soberanía popular; el método más idóneo para resolver controversias y conflictos domésticos de gobernabilidad.
En estos tiempos modernos, ya no solo es importante la “legitimidad de origen” sino también la “legitimidad de ejercicio”; por ello, en las cartas magnas de algunos países de la América Latina, como la nuestra, se han incluido mecanismos de consulta popular para relegitimar o deslegitimar gobiernos en ejercicio (Referendo Revocatorio); cuando no están cumpliendo con sus funciones constitucionales.
Los poderes públicos son garantes del Estado de derecho. Bajo ninguna circunstancia,  su ejercicio puede dejar de proteger y defender  los derechos humanos y soberanos de los ciudadanos. A quienes se deben.
El 6 de diciembre 2015 con ocasión de las elecciones parlamentarias, el electorado venezolano tomó la decisión bizarra de cambiar sustancialmente la correlación de fuerzas dentro de la Asamblea Nacional; la mayoría que antes había impuesto a favor del gobierno de turno; esta vez, se la dio a la oposición con plenas facultades (112 diputados) para ejercer mayores y mejores controles al poder ejecutivo. Un dictamen que a la fecha, no ha sido acatado por el poder ejecutivo; creándose una conflictividad de y entre poderes, que en nada ha contribuido a solucionar la grave crisis económica y social que padecemos, casi todos. La constitución nacional es clara y determinante, en la exigencia a los regentes de los poderes públicos a cooperar mancomunadamente en dar respuestas a las necesidades de los ciudadanos, en todas las materias de sus competencias.
Las decisiones que se han venido tomando, en especial la de la semana pasada, relacionada con la aprobación del Presupuesto de la Nación, por el poder ejecutivo con apoyo del TSJ, han dejado mucho que desear en cuanto a equilibrio, transparencia y justicia constitucional. No cabe duda, las sentencias de la Sala Constitucional No. 806 y 810 de septiembre, desconociendo la autoridad de la Asamblea Nacional y declarando sus actos previos y futuros nulos; implican el desconocimiento de la voluntad de las mayorías  nacionales de diciembre pasado en las elecciones legislativas; en otras palabras, la negación del principio de soberanía popular que reside en los electores. El dilema qué se nos presenta como sociedad democrática, qué hacer? cómo hacer? a dónde acudir para el restablecimiento de la soberanía ciudadana?
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lunes, 10 de octubre de 2016

Un país en reversa que pide ser enderezado


                                     

Nada más traumático en la vida cuando los pueblos se ven obligados, voluntarios o involuntariamente, a desviarse del camino por dónde venían transitando y avanzando, con lentitud y trabas, pero en la dirección correcta de las libertades y en democracia. Cómo es nuestro caso, el venezolano. Quién, en 1998, decidió seguir a un supuesto redentor, después de 200 años, para resarcir y completar la obra libertaria inconclusa dejada por  Simón Bolívar. La culpa ha sido atribuida a la oligarquía y al imperio norteamericano. El salvador, resultó ser Hugo Chávez, el nuevo mesías que vino hacer justicia social no solo en Venezuela sino en América Latina, con la promesa de conceder a los pueblos la mayor suma de felicidad posible.
La realidad es que el régimen del profeta (continuado por Maduro), que ya no está entre nosotros, en 17 años, ha hecho todo lo contrario; pues se dedicó a potenciar los intereses ideológicos y personales desde el poder, y no las fortalezas, las condiciones, las posibilidades y las oportunidades de las personas en libertad para vivir la vida que se merecen y valoran.
La diferencia  entre los países más desarrollados y países menos desarrollados, está en que los primeros, los desarrollados, se han concentrado en garantizar una mayor y mejor educación, salud, trabajo digno y decente con reglas de juego claras de integración de todos los habitantes. Este hecho explica los  buenos resultados en productividad que tienen sus economías y sus desarrollos sostenidos y sostenibles.
En cambio acá, esas condiciones fueron desmejoradas significativamente; explicando las razones del porqué de las devaluaciones continuas, el bajo poder adquisitivo, la hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad; entre otras.
Las naciones exitosas se han caracterizado por su desarrollo sustentable, dejando al mercado solucionar  problemas de la sociedad, con un estado creando oportunidades y capacidades, facilitando y no obstruyendo la imaginación creadora de los distintos actores y sectores económicos y sociales.
La institucionalidad en este sentido juega un rol clave. Un estado respetuoso de la propiedad privada y la vida de los habitantes, tiende a generar condiciones para que las inversiones sean atraídas.
Nada de eso tenemos. Y no las podemos tener, al no haber separación de poderes públicos, capaces de administrar la razón, la verdad, las normas de derecho con equilibrio y justicia a la hora de su aplicación; condiciones de seguridad y confianza requeridas por el inversionista.
La economía privada acorralada, controlada, desestimulada y amenazada, hacen de nuestra nación, igual, poco confiable para contar con recursos y auxilios financieros, necesarios para no solo amortizar deudas, cancelar nóminas públicas, caracterizadas por exceso de burocracia y gasto fiscal, sino también para financiar proyectos de recuperación del aparato productivo en ruinas.
No es un problema de capricho político sino de interés nacional, la necesidad ineludible e impostergable  de un cambio de gobierno y de modelo económico, capaz de diseñar políticas públicas y estrategias correctas y viables, donde el trabajo y la productividad sean los motores aliados para la creación de riquezas económicas y riquezas humanas; cuyo centro del plan de desarrollo sean las personas; a quienes el Estado, los gobiernos y los dirigentes se deben y no al revés, cómo han pretendido culturalmente hacernos creer, los políticos de oficio.
Los ciudadanos, por nuestro lado, no debemos seguir apostando “al azar” liderazgos u opciones de poder, sin evaluarlos con la rigurosidad del compromiso de la gobernabilidad. ¿Quién garantiza mayor prosperidad, a todos? ¿Quién está mejor preparado para hacerlo? Los colores, todos, son hermosos y brillantes, por naturaleza; los hombres o las mujeres no necesariamente los son por llevarlos en su vestimenta de campaña.
Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar
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lunes, 3 de octubre de 2016

Habló quien tenía que decidir sobre la paz en Colombia


                                     

Una de las fortalezas del sistema democrático es la de legitimar sus decisiones de gobernabilidad política de Estado mediante procesos electorales con la aprobación y voluntad de las mayorías. No siempre, los resultados son los convenientes, esperados y justos; sin embargo, el sistema ofrece la posibilidad de reparar las equivocaciones o decisiones desacertadas en consultas posteriores. Mientras mayor educación y conciencia ciudadana tengan los pueblos, mayores posibilidades de aciertos tendrán. En esto juega mucho, la calidad del voto.
El pasado domingo, como se había previsto, se realizó cívicamente el plebiscito de paz de Colombia que tenía como objetivo aprobar o desaprobar el acuerdo firmado por el presidente Juan Manuel Santos con las FARC en La Habana después de 52 años de guerra. Una insubordinación civil armada que causó más de 220.000 muertes entre civiles y militares, sin contar los incapacitados dejados por este terrible flagelo bélico doméstico.
Un proceso negociado por el Gobierno de Colombia y las FARC durante 46 meses en Cuba. Según el gobierno de Santos, el componente  guerrillero es de 10.500: 8.500 de las FARC y 2000 del ELN.  
Los colombianos decidieron con el 50,2% rechazar los acuerdos de paz; mientras un 49,7% se decantó por el “Si”, con una abstención de más del 60%. Un resultado evidentemente muy estrecho, una diferencia de  apenas de un 0,5% (62.000 votos) que, incluso, ninguna encuesta supo predecir.
Sí se puede hablar de ganadores, no me cabe duda, el triunfador político de esta jornada electoral resultó ser el expresidente Álvaro Uribe, defensor del “No”.
Otro ejercicio de expresión de voluntad política soberana de la sociedad colombiana.  Igual, vale la mención y reconocimiento al poder electoral de ese país por organizar el plebiscito en 33 días con autonomía, independencia, eficiencia y transparencia; conduciendo un proceso manual, descentralizado por departamento, para que a las dos horas de cerrada la votación ya se tuvieran publicados los resultados de más del 90% de las mesas escrutadas.
Uribe, líder del partido Centro Democrático, centró la campaña del “No” en criticar los acuerdos de La Habana en cuanto a la participación  en política de los líderes guerrilleros y el hecho de que ninguno pagará cárcel siempre y cuando reconozca sus crímenes. En otras palabras, rechazó categóricamente la impunidad;  además fue coherente en torno a la política de Seguridad Democrática que debilitó las FARC durante su gobierno, y donde el actual presidente Santos fue su ministro de Defensa.
La guerrilla sigue siendo muy impopular entre los colombianos por los daños materiales y humanos durante todo este tiempo de conflicto armado, y de alianza con el narcotráfico, negocio que les ha garantizado la supervivencia en la selva y sus combates frente al Estado colombiano.
Si algo ha de reconocerse a Santos, la decisión de convocar a un referéndum para validar el pacto de La Habana; pues él podía haberlo ejecutado sin consulta alguna, tenía la potestad constitucional para hacerlo, y no lo hizo. El tiempo le ha dado la razón, si tomamos en cuenta el dictamen popular del 2 de octubre.
¿Qué hacer ahora? Ante una votación que habla de las profundas divisiones que hay entre los colombianos, una polarización política, en dos mitades casi iguales, que obligan tanto al gobierno como a la oposición a dar una lectura correcta y oportuna. No es hora de victoriosos o de perdedores, el pueblo colombiano les ha enviado “un mensaje a García” muy claro y contundente “pónganse de acuerdo”.  Ambos sectores tienen algo en común y así lo demostraron en la campaña, su compromiso por la paz. La diferencia fundamentalmente radica en el destino político de los líderes de las guerrillas y la justicia de los autores intelectuales y materiales de los crímenes de lesa humanidad. Amanecerá y veremos.

Presidente del Ifedec Capítulo Bolívar @renenunez51                      
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